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La sociedad que no le teme al coronavirus: por sostener el negocio no pretende parar

Coronavirus: Los irresponsables que no quieren parar en Catamarca

Mientras el país debate acciones de prevención para contrarrestar el avance del coronavirus, una parte de la sociedad catamarqueña no quiere parar y sigue con sus actividades normales. Ninguna amenaza de multa pudo hacer mella en la necesidad económica o de diversión que provoca la reunión de personas al margen de las advertencias sobre la peligrosidad del COVID-19, hoy pandemia mundial.

La parte de la sociedad que no coopera


La sociedad no solo no toma consciencia de las medidas preventivas sino que no suspendió sus compromisos o sus salidas nocturnas, Por caso el Casino Catamarca estuvo lleno las últimas noches. El argumento es que la gente se divierte en el marco de recaudos que toma la casa de juego pero además que hay cientos de trabajadores cuya supervivencia depende de que el Casino abra sus puertas.


Otro caso curioso se dio en la Posada del Cazador, en Alijilán, localidad al este de Catamarca. Allí los vecinos se quejaron porque en el lugar se concentran personas de diferentes puntos del país y del mundo para practicar la caza como deporte. Varios ciudadanos fueron a la policía para hacer la denuncia pero todo quedó en la nada. Para peor, los hospitales de la zona no tienen insumos básicos.


Hay fotos hasta del cumpleaños muy concurrido de un dirigente y ex funcionario macrista en las redes sociales. La policía interrumpió un festejo en un camping de Tinogasta. Se suspendieron los eventos deportivos pero los muchachos no dejaron de organizar un picadito. La fuerza policial no sería suficiente para controlar las acciones a lo largo y ancho de la provincia. Sin consciencia individual será caótico.


La comunidad tampoco ha tenido ejemplos de “arriba”. El gobernador Raúl Jalil se autoasiló pero recibió a funcionarios y visitas que luego salieron a continuar con su vida como si nada pasara. Si las autoridades no son serias y coherentes, la gente tampoco parece dimensionar la gravedad de un virus tan agresivo como el COVID-19, sobre todo en una provincia que no tiene la infraestructura y recursos humanos.