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Opinión

Me llamó “Rojitas”

Un nuevo escándalo pone a Juan Carlos Rojas cómo protagónico.

Mientras los gastronómicos pasan su peor momento, el gremialista y diputado peronista Juan Carlos Rojas, (alias “Rojitas”), se dedica a llamar por teléfono para pedir que no hablen mal del oficialismo gobernante. Es más, les echa la culpa de lo que sucede a los trabajadores. Así, el diputado llamó por teléfono a un hombre desesperado porque los hoteles y bares están cerrando para responsabilizarlo de su desgracia y exigir reverencia a la familia Jalil.

No sorprende. Rojitas asumió como Tercera Posición pero es tan oficialista paladar negro como el presidente del bloque en Diputados. Los favores que se le concedió al legislador barrionuevista han sido muchos, algunos escandalosos. El descaro es tal que usó la ambulancia de UTHGRA para llevar muebles para la casa que el Gobierno le dio a un familiar en Valle Chico. Por supuesto, Rojitas le votó todas las leyes que envió -tanto Corpacci como Jalil- y las avaló con pobres palabras.

El drama con los trabajadores de El Rincón de Lucho donde el secretario de UTHGRA iba comer gratis dejó al descubierto que el doble discurso no se podía sostener más. Los afiliados del gremio y personas que votaron a Tercera Posición no entienden bien por qué se molesta cuando le pegan a la familia Jalil y a Gobernador, que en todo caso se dedique a defender a los gastronómicos, no a la patronal, y le exigen que presente un proyecto coherente.

Le advierten a Rojitas que “nada dura para siempre”, es que las elecciones en UTGHRA están cerca y ya hay todo tipo de especulaciones. Como buen gremialista no quiere soltar la teta (otra suerte de Ameri) por lo que quiere ir por la reelección o dejar a alguien de su confianza. Como sucesor suena Fabián Vega, un dirigente que estuvo cuestionado en una sobrefacturación por un evento en el Predio de UTGRA. La otra opción sería un abogado de Luis Barrionuevo.


Desafortunadamente Rojitas no es la excepción. Otros barrionuevistas son pura decepción para los vecinos que los votaron como alternativa. La Dra Marina Andrada, es otro ejemplo. De saber que todos iban a ser oficialistas y cadetes de Jalil, la historia podría haber sido otra. Los trabajadores tienen razones para estar preocupados. Los políticos revisan sus alforjas y suben a los botes mientras les dicen en voz baja a los demás pasajeros que volverán por ellos, siempre y cuando no blasfemen contra sus salvadores.

Por Juan Carlos Andrada
Especial para El Aconquija

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