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Opinión

Ministro le aconsejó a Jalil no visitar más Andalgalá

Una sugerencia muy especial para Jalil, de alguien igual de especial.

El gobernador Raúl Jalil es hiperactivo pero un pueblo complicado para visitar es Andalgalá. Cada vez que baja debe hacerlo con Grupos Especiales y una fuerte custodia policial. El viernes pasado un ministro de su extrema confianza le sugirió que debería jugar más con las “ausencias” que con las “presencias” en la Perla del Oeste porque el ruido en ese departamento minero tiene eco provincial y nacional.

En pocos lugares Jalil encuentra la perseverancia de los andalgalenses. Lo esperan y se organizan para arruinarle el acto oficial y hacerle sentir su discrepancia. Incluso, en las dos últimas visitas a la Perla del Oeste, la ciudad se quedó sin comunicación e internet, casualmente. Esos gestos poco atentos de los dueños de casa, en realidad de algunos miembros de la familia andalgalense, hicieron que un ministro que vino con Raúl la semana pasada le aconsejara no volver más porque no lo aprecian y se potencian los costos políticos.

Pero siempre hay alguien recatado en la familia que salva las apariencias y juega al buen anfitrión. El intendente Eduardo Córdoba no solo lo llenó de elogios sino que le dijo que Raúl “es un andalgalense más” por “las veces que vino”. Sin duda también el joven ingeniero exageró, tal vez por el apuro que le generaron los desubicados parientes pobres que no entienden que el invitado es el que puso la plata para el asado (sueldos) y el postre (plaza).

Sin embargo, las reformas del Estado, incluyendo la segunda reforma judicial, que impuso en plena pandemia demuestran que Jalil no es un aristócrata cualquiera, no le importan los dimes y diretes, menos las “formas”. Raúl no está en la chiquita, va por la tajada grande siempre y los detalles no le preocupan. Entre los asambleístas que protestan en la calle y el proyecto Agua Rica, el empresario no se distrae porque ya hizo el negocio. Sus colaboradores pueden dudar, él no.

Así que las protestas en Andalgalá van a seguir al mismo tiempo que las visitas de Jalil. Estas posiciones están bien claras. Por el contario, la postura que causa mayor incertidumbre es la del jefe comunal. Córdoba (como buen alumno de la escuela paecista) ya antes le había prometido al Gobernador acompañarlo a Canadá a la feria minera y lo dejó con los boletos comprados. Sin duda, el verdadero problema de Jalil no es la sinceridad de los ambientalistas que lo ven como un enemigo, sino el Intendente que lo palmea en la espalda mientras le cede la cabecera de la mesa.

Por Juan Carlos Andrada
Especial para El Aconquija

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