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Aunque la sesión es online, senadores no dejaron nunca de cobrar viático

Se encendió la polémica por el dinero que siguen recibiendo.

Los senadores no dejaron nunca de cobrar los viáticos. O andaban desparramando el virus de aquí para allá, o casi no se movieron y cobraron igual, lo que significa un robo al Estado. La información de El Aconquija es que los viáticos no dejaron de cobrarse en ningún momento durante la pandemia. Lo que dispara preguntas sobre ese gasto: ¿Se hacían el PCR antes de viajar para descartar covid-19? ¿No viajaron y se patinaron un dinero con fines específicos?

Viajar no es recomendable y si lo haces se exigen los análisis correspondientes para no formar parte de una cadena de contagio siendo el vehículo de transmisión para su propio pueblo, en el caso de los senadores. Asimismo, si antes viajaban mucho y les alcanzaba con ese dinero. Qué pensar de este nuevo contexto donde los viajes fueron reducidos y sesionan vía online, cómo justificar el gasto de traslado.

Más Datos del caso de los senadores

Los legisladores “no tienen suerte” con las opiniones que la gente tiene de su tarea, pero hacen mérito todo el tiempo para ir de mal en peor en el imaginario popular. Los proyectos de poca importancia más el acompañamiento ciego que se hace al Ejecutivo. Esto sumado al cuidado excesivo que cada legislador hace de su carrera política, devienen en un deterioro de la función y la imagen de los integrantes del Palacio Legislativo.

Los sueldos que ganan es ambicioso y desmesurado en comparación con el catamarqueño de a pie que la pelea día a día en un contexto difícil por la pandemia. Lo que menos quiere el ciudadano son más motivo para renegar, razones para enojarse con los políticos que juran sobre la Biblia y los Santos Evangelios no desviarse de los objetivos relacionados con el bien común. Pero, cada nada los diputados y senadores son noticia por desvaríos y gastos superfluos, proyectos mamarrachos. Cuando no es una cuestión de dinero malgastado o embolsillado que obviamente indigna a la sociedad.

En momentos como estos salta lo mejor y lo peor de las personas. Es una gran oportunidad para lavar la imagen o reivindicarse, pero los legisladores no quieren, no es su deseo, no está entre sus prioridades. Aparte de cobrar y gastar en algo que no pueden justificar, está la tarea legislativa de calidad. Al menos podrían salvarse por eso lado, pero –salvo honrosas excepciones por no decir casi nadie- siguen los homenajes. Además de las iniciativas ridículas sin ninguna incidencia en la realidad.

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