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Opinión

La Llorona y el diputado Barros

Todo lo bueno que venía pasando se convirtió en malo y el diputado Barros colapsó.

El diputado peronista Augusto Barros se quebró y rompió en llanto luego de que las redes sociales viralizaran fotos y videos de El Aconquija de una máquina de la municipalidad haciendo una pileta en una propiedad que la familia tiene en Valle Viejo. Augusto colapsó. De repente todo lo bueno que le venía pasando a los Barros se convirtió en malo. En una sociedad catamarqueña, fanática de las leyendas urbanas y las historias de terror, no faltó la comparación con La Llorona.

La Llorona es un espectro del folclore hispanoamericano que, según la tradición oral, es el alma en pena de una mujer que ahogó a sus hijos, y que luego, arrepentida y maldecida, los busca por las noches por ríos, pueblos y ciudades, asustando con su sobrecogedor llanto a quienes la ven u oyen”, es la definición sintética mejor explicada de estos fenómenos que la gente asegura ver y escuchar y que sigue alimentando el mito.

La verdad, “asusta” escuchar llorar a un diputado. Por qué un legislador que se batió en una lucha a muerte por las reformas del oficialismo, sin claudicar en ninguna -más allá de que muchas de ellas fueron en vano- , un militante que se jacta de pelearla de abajo se quebraría en vivo durante una entrevista solo para mostrar entre lágrimas que ha sido “maldecido” por una campaña en su contra.

Al menos en la leyenda de La Llorona sabemos que el llanto es porque la mujer está arrepentida de los errores, se siente responsable (la culpa está adentro), en el caso del diputado peronista no hay nada de que arrepentirse, no se siente responsable (la culpa está afuera). Es raro, con estas actitudes es como que La Llorona podría ser mejor legisladora y el diputado podría andar mejor afuera como alma en pena. Ninguno dejaría de asustar, claro.

Todo al revés. Por eso son odiosas las comparaciones. Además, a quién se le ocurre mezclar política y leyendas urbanas. Es el colmo, solo en Catamarca. Así las cosas, las lágrimas del espectro parecen más reales, y las del diputado, más fantásticas. No quiero seguir porque la ficción supera a la realidad y uno termina sintiendo más afinidad con La Llorona que con el legislador. Muchos tal vez la votarían. De hecho, no sé si yendo solo Barros sacaría más votos que La Llorona (la auténtica).


Por Juan Carlos Andrada
Especial para El Aconquija.

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