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10 años haciendo una plaza y una hostería y no la pueden terminar

Dos ejemplos de la burocracia estatal y lentitud municipal.

En Saujil no pueden terminar una hostería hace más de 10 años y en Hualfín no pueden terminar la plaza hace más o menos el mismo tiempo. Cómo puede ser que en una década no puedan finalizar una obra que tiene ya algún avance. Si hubieran hecho un poquito por año y hubieran puesto una planta por mes, la hostería del intendente Lucas Carrazana sería un gran edificio y la plaza inconclusa del jefe comunal Marcelo Villagrán hoy sería un parque temático. Pero no.

Así, la hostería que está al ingreso de la bella localidad de Saujil estuvo muchos años como una suerte de ruina que simbolizaba la burocracia estatal y la lentitud municipal. Jamás se pudo concluir una obra que era importante desde el punto de visto turístico para esta comunidad. Se puede ser inútil, pero no vale abusar porque se pierden los límites que diferencian la realidad y lo inverosímil, podríamos confundir Saujil con el “Macondo” de García Márquez.

Este año, el gobernador Raúl Jalil apareció un día para anunciar que la hostería sería el nuevo hospital. Para matizar el anuncio en salud, invitaron a los turistas a visitar Saujil. Será para dormir en una confortable pieza con aire acondicionado en el hospital o para garantizarle que si van a pasar unos días y se enferman, que no se preocupen porque, la hostería se convertirá en un centro de salud moderno donde pueden incluso ir a morir tranquilos (un poco de humor negro, solo para exagerar el planteo).

Por otro lado está Hualfín, tan bello como descuidado. Tiene una plaza donde por lo general van los caballos a dar una vuelta. El principal paseo público es un espacio pelado, sin una buena forestación, sin agua, sin juegos, sin asientos, sin bandera. Si por casualidad pasa por ahí, lleve una silla, una sombrilla, agua mineral y juegos para los chicos, aunque tal vez se entretengan mirando cómo los equinos se pasean frente a la comisaría.

Muchas veces uno se pregunta cómo se llega a este punto y siente pena porque son comunidades que podrían haber sido mucho en términos productivos y turísticos. Pero el destino auspicioso de estas localidades catamarqueñas fue truncado por políticos que prometían mejoras mientras las cosas empeoraban. Parece un tirabuzón para abajo, mientas más afirman conocer las respuestas más lejos se encuentran de encontrar una salida pues son ellos precisamente el problema.


Por Juan Carlos Andrada
Especial para El Aconquija

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