Belén es uno de esos destinos que sorprenden incluso a quienes conocen bien el norte argentino. Ubicada en el corazón del oeste catamarqueño, entre montañas, ríos y valles que parecen detenidos en el tiempo, la ciudad se ha convertido en una de las principales puertas de entrada para descubrir la riqueza histórica, cultural y paisajística de Catamarca. En apenas tres días es posible recorrer sitios arqueológicos únicos, pueblos históricos, viñedos de altura y algunos de los paisajes más impactantes de la Ruta 40.
Primer día: historia, artesanías y tradición
La mejor manera de comenzar la visita es recorriendo el centro de Belén. La plaza principal, la Basílica Nuestra Señora de Belén y las calles tranquilas de la ciudad permiten tomar contacto con el ritmo pausado de una comunidad profundamente ligada a sus tradiciones.
Uno de los puntos más interesantes es el Museo Arqueológico Cóndor Huasi, donde se conservan piezas pertenecientes a las culturas originarias que habitaron la región mucho antes de la llegada de los españoles. El museo ofrece una excelente introducción para comprender la importancia histórica del valle y la influencia que tuvieron los pueblos prehispánicos en toda la zona.
Por la tarde, el Mercado Artesanal resulta una visita obligada. Allí trabajan los artesanos que mantienen viva la tradición del famoso poncho belicho, considerado entre los mejores tejidos artesanales de Argentina. Además de textiles, es posible encontrar piezas en cuero, cerámica y productos regionales elaborados por productores locales.
La jornada puede cerrarse disfrutando de la gastronomía típica catamarqueña, con platos como el cabrito, las empanadas criollas y los dulces regionales elaborados con nuez, membrillo o higo.
Segundo día: el legado inca en El Shincal
A pocos kilómetros de Belén se encuentra Londres, una de las ciudades más antiguas del país. Allí está ubicado El Shincal de Quimivil, considerado el sitio arqueológico inca más importante de Argentina.
El complejo fue uno de los principales centros administrativos del Imperio Inca en el actual territorio argentino y conserva plazas ceremoniales, depósitos, senderos y estructuras que permiten imaginar la magnitud de la presencia incaica en los Valles Calchaquíes.
Recorrer El Shincal con guía permite comprender mejor la función política, religiosa y económica que tuvo este centro hace más de cinco siglos. Las vistas desde los cerros ceremoniales ofrecen además panorámicas espectaculares del valle.
Luego de la visita, vale la pena dedicar algunas horas a recorrer Londres y conocer parte de su patrimonio histórico antes de regresar a Belén por la Ruta 40, disfrutando de algunos de los paisajes más característicos del oeste catamarqueño.
Tercer día: Hualfín, vinos de altura y termas
El último día puede destinarse a descubrir uno de los rincones más auténticos del departamento Belén: Hualfín. Rodeado por montañas y atravesado por la historia de antiguas familias vallistas, el pequeño pueblo conserva intacta la esencia de los Valles Calchaquíes.
Allí se encuentra la Bodega Federico Mena Saravia, ubicada a casi 1.900 metros sobre el nivel del mar. Los visitantes pueden recorrer viñedos históricos, conocer la historia del primer viñedo plantado en el Valle de Hualfín en 1936 y disfrutar de degustaciones de vinos de altura elaborados en condiciones excepcionales.
La experiencia incluye paseos entre viñedos centenarios, visitas guiadas y la posibilidad de almorzar contemplando algunos de los paisajes más bellos de la región. Más información sobre visitas y experiencias puede consultarse en https://menasaravia.com/.
La jornada puede finalizar en las Termas de Villa Vil, uno de los secretos mejor guardados del oeste catamarqueño. Sus aguas termales naturales, rodeadas por montañas y paisajes de altura, ofrecen el cierre ideal para una escapada de tres días.
Diez imperdibles de Belén
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Recorrer la ciudad de Belén.
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Visitar la Basílica Nuestra Señora de Belén.
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Conocer el Museo Arqueológico Cóndor Huasi.
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Descubrir las artesanías del Mercado Artesanal.
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Visitar Londres, una de las ciudades más antiguas del país.
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Explorar El Shincal de Quimivil.
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Recorrer la Ruta Nacional 40.
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Visitar la Bodega Federico Mena Saravia y sus viñedos centenarios.
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Disfrutar de un almuerzo entre viñedos en Hualfín.
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Relajarse en las Termas de Villa Vil.
Belén combina como pocos destinos historia, arqueología, cultura viva, paisajes de montaña y vinos de altura. En apenas tres días es posible descubrir una parte esencial de Catamarca y entender por qué quienes visitan el valle suelen encontrar siempre una excusa para regresar.
