El avance de los desarrollos extractivos a cielo abierto intensificó las advertencias técnicas sobre la degradación de los suelos en Catamarca. Pobladores rurales y productores agrícolas de las cuencas del oeste provincial señalan que la dispersión de material mineralizado y el escurrimiento de sedimentos desde las zonas de explotación alteran la composición química de las tierras productivas, amenazando la continuidad de cultivos tradicionales en los valles andinos.
La mecánica de remoción masiva de roca y la conformación de escombreras gigantescas modifican la estructura geológica del terreno superficial. Al quedar expuestos a la intemperie y al régimen de vientos cordilleranos, los depósitos de material árido desprenden partículas ricas en sales y sulfuros que sedimentan sobre las capas fértiles, reduciendo la capacidad de retención hídrica y acelerando procesos de salinización en parcelas destinadas a la siembra forrajera y frutal.
A la alteración física se suma el riesgo de infiltración de compuestos metálicos hacia los perfiles subterráneos del terreno. Ingenieros agrónomos independientes explican que el contacto de aguas de drenaje con superficies mineralizadas genera procesos de lixiviación, transportando componentes ácidos que modifican el pH del suelo y bloquean la absorción de nutrientes esenciales en cultivos de nogal, vid y hortalizas bajo riego.
Por su parte, las empresas del sector aseguran implementar geomembranas de contención y sistemas de decantación para evitar el contacto de efluentes con el entorno natural. Sin embargo, los productores ribereños sostienen que la proliferación de caminos de ripio pesados y plataformas de perforación genera una compactación irreversible del suelo, destruyendo la escasa cubierta vegetal nativa que frena los aluviones estivales.
Pérdida de pastizales, falta de análisis públicos y reclamos al Gobierno de Raúl Jalil
El deterioro del terreno productivo expone la falta de controles rigurosos por parte de la gestión de Raúl Jalil. Organizaciones agrarias fustigan que el Ministerio de Minería y el Ministerio de Agua, Energía y Medio Ambiente no ejecuten monitoreos edafológicos independientes ni publiquen mapas de toxicidad periódicos, dependiendo casi exclusivamente de las declaraciones juradas y auditorías contratadas por las propias compañías mineras.
A esta falta de transparencia se añade la desprotección frente a los pasivos ambientales históricos que nunca fueron remediados en la provincia. Asambleas de vecinos remarcan que el Poder Ejecutivo elude exigir pólizas de seguro ambiental suficientes para garantizar la recomposición del terreno una vez agotados los yacimientos, dejando como secuela áreas erosionadas y vegas secas que pierden su aptitud ganadera para siempre.
Las evidencias de salinización y degradación reabren la discusión sobre la preservación de los suelos en Catamarca. Con comunidades vallistas que denuncian mermas en sus cosechas y reclaman auditorías científicas abiertas, los sectores productivos exigen al Gobierno provincial controles edáficos permanentes y límites precisos al avance de obras que amenazan la fertilidad de las tierras agrícolas del interior.










