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Por temor al Covid-19, no dejaron pasar dos ambulancias en la frontera Catamarca-Santiago

Urgencias del Hospital de Frías, las ambulancias de Catamarca no pudieron llegar y se volvieron con el paciente.

A medida que se complica, las autoridades creen que la solución es endurecer, no coordinar. El colmo es que no dejan pasar dos ambulancias de Tapso y El Alto (Catamarca) a Frías (Santiago del Estero) y se tuvieron que volver. Los controles por el Covid-19 llegaron al extremo de tener paradas ambulancias con pacientes que requieren de atención urgente, razón por la cual eran trasladados a Santiago pero se tuvieron que volver a Catamarca con los enfermos.

Hemos llegado al punto de que les cerraron las fronteras a las ambulancias con enfermos. Las unidades de traslado de Tapso y El Alto necesitaban entrar a la localidad santiagueña de Frías porque allí tienen un centro de mayor complejidad. Circulaban con una emergencia pero no las dejaron pasar en los controles sin importar el riesgo que puede significar esa demora para el paciente. Al final emprendieron viaje de retorno.

La policía es muy estricta pero en realidad únicamente obedece órdenes. Algunas medidas no se entienden pero se obedecen igual, aun cuando los efectivos no las comparten. Muchas veces se disculpan con los choferes y automovilistas y no quieren problemas pero si la orden es no dejar pasar a nadie, o no dejar bajar a nadie, es duro, cruel, pero es una orden sanitaria (que en el fondo y en último caso es política) y que se debe cumplir.

Hay una cuota de irracionalidad en estas medidas donde deja de primar la solidaridad y no se atienden las excepciones. Sin ese marco de humanidad las reacciones pueden conllevar peores males que los presentes. Una locura. Se envían pacientes para salvar vidas pero pueden perderlas en el camino no porque falto la asistencia médica o porque no hubo ambulancia sino porque “alguien” ordenó bloquear la ruta. Blindar un lugar no será nunca una solución.

Ya hemos marcado la falta de coordinación en los pueblos fronterizos y la necesidad de articular no solo lo sanitario sino también lo económico. Son vecinos con tonadas distintas que están a pocos kilómetros y que subsistieron por años en la cooperación consciente o inconsciente pero el temor por el coronavirus ganó la calle, las rutas, las instituciones, los puestos de mando, los criterios y aquí estamos volviendo a la prehistoria, cada vez más inhumanos, mostrando lo peor de nosotros.

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