La circulación de motocicletas en sectores destinados exclusivamente al tránsito peatonal volvió a generar reclamos en el centro de la Capital. Vecinos y comerciantes denuncian que durante distintos momentos del día las peatonales y calles céntricas se convierten en espacios donde los peatones deben convivir con vehículos que circulan sin controles visibles.
Zonas críticas y denuncias de vecinos
Las críticas apuntan especialmente a sectores como Peatonal Rivadavia, Chacabuco, Mota Botello y Mate de Luna, donde, según los testimonios, motociclistas ingresan de manera habitual a zonas destinadas a la circulación de personas. La situación genera preocupación por el riesgo de accidentes y por la falta de cumplimiento de las normas vigentes.
El problema no es nuevo, pero los reclamos se repiten cada vez con mayor frecuencia. Quienes transitan diariamente por el microcentro sostienen que la presencia de motos en espacios peatonales se volvió una escena habitual, especialmente durante horarios de intensa actividad comercial.
Falta de fiscalización en el microcentro
La situación también expone cuestionamientos sobre la fiscalización y el control del tránsito. Mientras se desarrollan campañas de seguridad vial y se insiste en la importancia del cumplimiento de las normas, numerosos vecinos aseguran que la presencia de inspectores resulta insuficiente para prevenir este tipo de infracciones.
La preocupación principal está vinculada a la seguridad de los peatones. Personas mayores, niños y ciudadanos que realizan compras o trámites en el centro deben compartir espacios reducidos con motocicletas que, en muchos casos, circulan sin respetar restricciones ni prioridades de paso.
Impacto en la seguridad y el orden urbano
A esto se suma una problemática más amplia relacionada con el ordenamiento urbano. Comerciantes y usuarios habituales sostienen que la falta de controles permanentes favorece situaciones que terminan afectando la convivencia y la seguridad en sectores que fueron diseñados para priorizar la circulación peatonal.
Las denuncias vuelven a poner el foco sobre una tarea básica que depende del Estado: garantizar el cumplimiento de las normas de tránsito. Mientras las quejas se acumulan y los riesgos persisten, crecen los cuestionamientos hacia una gestión provincial y municipal frecuentemente señalada por controles insuficientes, respuestas tardías y una política de seguridad vial que no logra resolver problemas cotidianos que afectan a miles de catamarqueños.