El riesgo sísmico en Catamarca volvió a ocupar un lugar central en la agenda provincial luego del sismo de magnitud 3,5 registrado en cercanías de Tinogasta. El movimiento, localizado a 26 kilómetros al sudeste de Tinogasta, con una profundidad de 140 kilómetros, reactivó una discusión que especialistas ya habían planteado días atrás: la necesidad de fortalecer la prevención y recuperar una cultura de preparación frente a un fenómeno que forma parte de la realidad geológica de la provincia.
Aunque el temblor no reportó consecuencias de gravedad según la información disponible, el episodio volvió a poner en foco las advertencias realizadas por especialistas de la Universidad Nacional de Catamarca, quienes recordaron que la provincia se encuentra atravesada por numerosas fallas geológicas y registra actividad sísmica de manera recurrente. En ese contexto, el desafío ya no pasa únicamente por reaccionar cuando ocurre un movimiento, sino por mantener políticas permanentes de capacitación y prevención.
Días atrás, el director del Departamento de Geología de la Facultad de Tecnología y Ciencias Aplicadas de la UNCa, Matías Rasjido, había señalado que Catamarca presenta un riesgo sísmico moderado y que los terremotos registrados en Venezuela debían servir como una oportunidad para reflexionar sobre la preparación local. El especialista recordó que la provincia experimenta sismos con frecuencia, aunque muchos pasan inadvertidos por su baja magnitud o por registrarse a grandes profundidades.
Riesgo sísmico en Catamarca: especialistas insisten en recuperar la cultura de la prevención
El riesgo sísmico en Catamarca fue uno de los principales ejes de las advertencias formuladas por Rasjido, quien sostuvo que la sociedad “se ha relajado demasiado” frente a un fenómeno que continúa presente. Según explicó, el hecho de que no se hayan registrado terremotos destructivos en los últimos años generó una percepción de seguridad que no necesariamente refleja la realidad geológica del territorio provincial.
El geólogo recordó además el sismo registrado meses atrás en la zona de Siján, que superó la magnitud 4 y fue percibido por gran parte de la población debido a su escasa profundidad. Ese antecedente, sumado al movimiento registrado ahora en cercanías de Tinogasta, vuelve a demostrar que la actividad sísmica continúa formando parte de la dinámica natural de la provincia y que la preparación sigue siendo una herramienta fundamental para reducir riesgos.
Entre las principales recomendaciones formuladas por el especialista aparece la necesidad de retomar simulacros, fortalecer las capacitaciones e incorporar nuevamente contenidos vinculados con la actuación ante emergencias sísmicas en escuelas e instituciones. La educación preventiva fue señalada como uno de los instrumentos más eficaces para que la población conozca cómo actuar frente a un eventual terremoto de mayor magnitud.
Las advertencias también vuelven a abrir un debate sobre las políticas públicas destinadas a la gestión del riesgo. Si bien Catamarca convive históricamente con actividad sísmica, distintos especialistas consideran que la preparación requiere acciones sostenidas en el tiempo y no únicamente respuestas cuando ocurre un movimiento perceptible. En ese escenario, la prevención adquiere un papel estratégico para reducir el impacto que podría tener un evento de mayor intensidad.
El nuevo sismo registrado en el oeste provincial no modifica por sí solo el nivel de riesgo geológico, pero sí reactiva una discusión que especialistas consideran necesaria. La continuidad de investigaciones sobre las fallas geológicas, como las que desarrolla la Universidad Nacional de Catamarca en la Sierra de Ambato, busca aportar mayor conocimiento sobre el comportamiento sísmico del territorio y fortalecer las herramientas disponibles para la planificación.
El riesgo sísmico en Catamarca continuará siendo un tema de permanente actualidad mientras la provincia mantenga las características geológicas que la distinguen. El reciente movimiento cerca de Tinogasta volvió a recordar que los sismos forman parte de esa realidad y que el principal desafío sigue siendo avanzar en una cultura de prevención, capacitación y preparación que permita afrontar futuros eventos con mejores herramientas y menor vulnerabilidad para la población.





