Más de 10,5 millones de personas ocupadas en la Argentina perciben ingresos mensuales inferiores a $1.500.000, una cifra que ya no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total de un hogar tipo. El dato, difundido por el INDEC a partir de la Encuesta Permanente de Hogares del primer trimestre de 2026, refleja un deterioro del poder adquisitivo que también golpea a Catamarca, donde la combinación de informalidad laboral y salarios bajos alimenta el debate sobre la calidad del empleo que se genera.
Según el informe, de los 13,1 millones de ocupados que perciben algún ingreso, el 56,5% tiene empleo registrado (7,4 millones) y el 43,5% trabaja en la informalidad (5,7 millones). En un año, la tasa de trabajo en negro pasó del 42,5% al 43,5%, un incremento que muestra que el leve crecimiento del empleo privado —casi un 1% interanual— no se tradujo en más puestos formales sino en una expansión de la precarización.
El ingreso individual promedio per cápita se ubicó en $1.153.457, muy lejos de la CBT de junio ($1.531.473) e incluso por debajo del valor de abril ($1.469.767). La brecha de género sigue siendo un rasgo estructural: los varones ganan en promedio $1.352.247 y las mujeres $959.030, un 30% menos. En el extremo inferior de la pirámide, 1.314.000 trabajadores cobran hasta $240.000 por mes y el 90% de ellos está en negro; en la cima, quienes perciben entre $2.250.000 y $40 millones son un 87% de empleados formales.
Estos números contrastan con el discurso oficial que celebra indicadores de crecimiento y generación de empleo. Los datos del INDEC revelan que más de la mitad de quienes ganan por debajo de la línea de pobreza son asalariados registrados: la pérdida de poder adquisitivo no es un fenómeno exclusivo del sector informal, sino que alcanza de lleno a trabajadores que, pese a tener aportes, no logran cubrir la canasta básica.
La realidad en Catamarca
En Catamarca, la estructura laboral replica las tendencias nacionales. La alta incidencia del servicio doméstico —la actividad con mayor informalidad del país, con un 72,8%— y la presencia de pequeños comercios y emprendimientos familiares configuran un mercado de trabajo frágil. La falta de grandes polos industriales y la dependencia del empleo público generan una base de ingresos que, en muchos casos, queda rezagada frente al costo de vida.
El incremento de la informalidad y el estancamiento salarial —los sueldos subieron apenas un 8,3% en el primer trimestre, contra una inflación del 9,4%— alimentan los cuestionamientos sobre la capacidad de las políticas públicas para generar empleo de calidad. En la provincia, organizaciones sindicales y movimientos sociales vienen reclamando medidas que ataquen el núcleo del problema: la precarización laboral y la insuficiencia de los ingresos.
La CBT de junio ya supera holgadamente el umbral de $1.500.000 y los salarios siguen corriendo desde atrás. Mientras la economía formal no amplíe la base de empleo registrado y los ingresos continúen perdiendo terreno, la distancia entre el trabajo y la posibilidad real de salir de la pobreza se agranda en todo el país, y Catamarca no es la excepción.