Un voraz incendio forestal desatado en la localidad de Aconquija, dentro del departamento Andalgalá, ya devastó aproximadamente 296 hectáreas de vegetación en el interior de Catamarca. Tras haberse iniciado durante la noche del miércoles y consumir inicialmente más de 100 hectáreas, la Brigada de Lucha contra Incendios Forestales mantiene guardias operativas y recorridos técnicos desde El Suncho hasta Portezuelo. La compleja topografía serrana y la presencia de intensos vientos zonda complicaron severamente los trabajos de contención, los cuales deben ejecutarse de manera exclusivamente terrestre.
El operativo de vigilancia se vio obstaculizado durante las últimas horas debido a la formación de nubes bajas que redujeron drásticamente la visibilidad en el área afectada. En el combate directo del fuego intervienen brigadistas provinciales, bomberos voluntarios de Aconquija y Andalgalá, vaqueanos locales y personal municipal, quienes operan bajo alerta amarilla por ráfagas de viento. Esta emergencia ambiental reavivó el malestar social en la comunidad serrana, que califica el escenario como sumamente conflictivo por el constante riesgo que corren las viviendas y los campos productivos.
La recurrencia de focos ígneos en las sierras catamarqueñas pone bajo la lupa la efectividad de los planes oficiales de prevención y respuesta rápida en las zonas rurales. Las dificultades logísticas reportadas en el terreno y la necesidad de depender de tareas manuales terrestres ante inclemencias climáticas severas fueron fuertemente criticadas por pobladores locales. Los vecinos advierten que, pese a los esfuerzos de los equipos desplegados, la falta de una infraestructura operativa con base permanente en el departamento retrasa la neutralización temprana del fuego.
La devastación forestal reaviva los cuestionamientos hacia el Gobierno de Catamarca
El avance del fuego en Aconquija evidencia las falencias estructurales en materia de concientización y control territorial, en una provincia donde el 97% de los incendios son causados por negligencia humana. Aunque las autoridades del sector señalan que para evitar estos desastres se requiere destinar un 80% de los esfuerzos a la prevención, la falta de campañas masivas y de controles efectivos en el interior resulta severamente discutida por organizaciones ambientalistas. La persistencia de imprudencias en zonas rurales expone una marcada desatención estatal en la fiscalización de las áreas protegidas.
El descontento de la sociedad se profundiza ante la escasa capacidad de respuesta aérea inmediata ante siniestros de gran magnitud en los cerros. Si bien la región NOA comparte recursos aéreos como helicópteros y aviones hidrantes distribuidos entre Catamarca y Tucumán, la logística de traslado suele demorar la asistencia crítica en los momentos iniciales del foco ígneo. Esta dependencia de medios compartidos genera constantes reclamos de las comunidades del interior, que exigen mayor equipamiento técnico instalado de forma permanente en los departamentos de mayor riesgo.
En este marco, la gestión que encabeza el gobernador Raúl Jalil acumula severos cuestionamientos por la falta de un plan de contingencia ambiental de alcance integral para la época de vientos intensos. La ausencia de presupuestos reforzados para ampliar las cuadrillas territoriales y dotar de mayores herramientas a los cuarteles de bomberos del interior genera preocupación en los sectores productivos. Mientras el fuego amenaza la flora y fauna autóctona, las respuestas institucionales continúan llegando una vez declarada la emergencia.
La contención de los desastres ambientales en el interior provincial exige que el Ejecutivo incremente de manera urgente la inversión en políticas preventivas y de combate. La protección del patrimonio natural catamarqueño no puede supeditarse únicamente al esfuerzo físico de los brigadistas en condiciones climáticas adversas. De no mediar un fortalecimiento real en los recursos de auxilio, la fragilidad ambiental continuará amenazando a las poblaciones de montaña.