Un grave episodio registrado en el oeste provincial encendió la preocupación comunitaria por el desamparo hacia los jóvenes en Catamarca. En el departamento Belén, un adolescente resultó con severas lesiones en el rostro luego de que integrantes de su círculo cercano sabotearan los frenos y componentes de su rodado bajo el pretexto de un chiste, provocando que la víctima perdiera el control de forma intempestiva y derrapara violentamente contra el asfalto.
El impacto causó secuelas físicas de consideración: el menor sufrió la pérdida traumática de cuatro piezas dentales y un corte profundo en el mentón que requirió cuatro puntos de sutura inmediatos. El hecho conmocionó a las familias belichas, quienes advirtieron sobre la peligrosidad de naturalizar el acoso y el hostigamiento físico entre pares, remarcando que estas conductas rozan desenlaces fatales ante la total ausencia de dispositivos preventivos en el ámbito escolar y comunitario del interior.
Este dramático suceso no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un escenario generalizado de vulnerabilidad que golpea a las nuevas generaciones en la provincia. Apenas durante el mismo fin de semana, una fiesta sin habilitación en una finca de Valle Viejo concluyó en una feroz golpiza que dejó a tres menores hospitalizadas, evidenciando un patrón de desprotección institucional y carencia de controles sobre los ámbitos donde interactúan los adolescentes fuera de la supervisión familiar.
La reiteración de situaciones violentas convive con la falta de políticas de desarrollo social y deportivo en las localidades cordilleranas. Docentes y vecinos advierten que las instituciones educativas no disponen de gabinetes interdisciplinarios permanentes que aborden a tiempo el maltrato entre pares, dejando a las familias en absoluta orfandad frente a una conflictividad que escala en la calle sin intervención temprana del Estado.
Hostigamiento callejero, vacíos institucionales y la inacción de los organismos estatales
Esta falta de acompañamiento interpela de lleno las prioridades de la gestión provincial encabezada por Raúl Jalil. Mientras ministros del Ejecutivo se trasladan a Belén y Andalgalá para anunciar cursos formativos temporarios de apenas dos meses a desocupados sin resolver la falta de empleo en las mineras, los organismos públicos provinciales eluden destinar recursos concretos a la prevención comunitaria y a la contención psicológica en los pueblos del oeste.
La distancia entre el discurso oficial y las urgencias del interior resulta elocuente para las comunidades postergadas. Ante traumatismos severos provocados por este tipo de agresiones, los hospitales departamentales exhiben limitaciones históricas de insumos para cirugías maxilofaciales o prótesis dentales de urgencia, empujando a los padres a costear tratamientos privados o trasladarse a la Capital en medio de una economía asfixiada por tarifazos eléctricos de EC SAPEM.
El brutal derrape del estudiante en Belén ratifica la deuda estructural del Gobierno con los jóvenes en Catamarca. Con adolescentes expuestos a bromas que culminan en internaciones hospitalarias, violencia nocturna desregulada y escuelas jaqueadas por la crisis de infraestructura, la sociedad reclama la presencia activa del Estado mediante gabinetes de apoyo que resguarden la integridad física de los menores en todo el territorio provincial.