Un violento episodio desatado en plena madrugada en el sur capitalino reavivó el debate sobre los disturbios vecinales en Catamarca. Alrededor de las 02:00, efectivos de la Comisaría Segunda acudieron tras un llamado del SAE-911 hasta el Pasaje Eduardo Estévez, donde intervinieron para frenar el accionar de dos hermanos de 18 y 26 años de apellido Aguirre, quienes irrumpieron de manera violenta en la propiedad de una joven mujer de 21 años, provocando severos destrozos y agrediéndose físicamente entre sí sobre la vía pública.
Tras el arribo policial, ambos sujetos fueron reducidos y trasladados hacia la Seccional Novena por razones de competencia territorial, quedando alojados bajo las directivas de la Fiscalía de Instrucción en turno del Distrito Sur. En tanto, el personal interviniente procedió a invitar formalmente a la víctima a radicar la denuncia penal ante la Unidad Judicial N° 9 para iniciar las actuaciones sumariales correspondientes.
Pese a la detención, los vecinos del sector expresaron su malestar por la recurrencia de agresiones nocturnas y desmanes que alteran la convivencia barrial. Familias de la zona advierten que la zona sur carece de recorridos preventivos continuos, lo que permite que discusiones y conflictos intrafamiliares escalen hacia situaciones de invasión domiciliaria y violencia física sin presencia disuasiva previa.
La respuesta de los uniformados, que se limitó a sugerir el traslado voluntario de la damnificada hasta la sede judicial, evidenció además la orfandad procesal que sufren las mujeres agredidas. En lugar de activar protocolos de acompañamiento inmediato en el lugar del hecho, las instituciones delegan el impulso de la causa en personas que acaban de atravesar situaciones de extremo pánico.
Desprotección barrial, demoras policiales e inacción preventiva
Este cuadro de violencia doméstica y territorial expone las limitaciones del Ministerio de Seguridad bajo la conducción de Raúl Jalil. Vecinos del área remarcan que los móviles policiales se encuentran desbordados y acuden únicamente cuando los incidentes ya se han consumado, prescindiendo de esquemas de patrullaje preventivo en arterias secundarias y pasajes del Valle Central.
A las demoras en el auxilio se añade la insuficiencia de dispositivos interdisciplinarios capaces de abordar los conflictos sociales antes de que deriven en ilícitos penales. La falta de contención barrial en las periferias urbanas empuja a las víctimas a convivir con agresores que regresan a las pocas horas por la ausencia de medidas cautelares efectivas y sostenidas.
El grave altercado ocurrido sobre el Pasaje Estévez ratifica el impacto que generan los disturbios vecinales en Catamarca. Con barriadas vulneradas por agresiones recurrentes y un esquema judicial que impone trabas burocráticas a las víctimas, la comunidad reclama una reformulación urgente en las políticas de seguridad para frenar el avance de la violencia barrial en la Capital provincial.