Un nuevo informe oficial de la Secretaría de Trabajo de la Nación, elaborado sobre la base de registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), reveló la magnitud de la pérdida salarial en Catamarca y en todo el país. La mitad de los asalariados formales del sector privado percibió durante junio remuneraciones brutas inferiores a $1.668.430, lo que equivale a un haber neto de bolsillo de apenas $1.385.000, monto insuficiente frente al costo de vida familiar.
La cifra adquiere mayor gravedad al cotejarla con el valor oficial de la Canasta Básica Total (CBT), parámetro técnico utilizado para medir la línea de pobreza. Para ese mismo período de análisis, el umbral de subsistencia para un grupo familiar tipo se ubicó en $1.531.473, lo que ratifica que más del cincuenta por ciento de la fuerza laboral formally contratada quedó sumergida bajo el límite de la pobreza material aún contando con empleo regular.
El retroceso en el poder adquisitivo se consolida como una tendencia sostenida en el tiempo. De acuerdo con el relevamiento estadístico, los sueldos reales acumularon un descenso interanual del 2,8%. Al contrastar las cifras actuales con el registro más alto de la administración nacional de febrero de 2025, la merma real trepa al 4,2%, sumando además un descenso provisorio del 1,1% en las estimaciones del mes de julio.
La dinámica negativa no golpeó a todos los rubros económicos con la misma intensidad. Entre las ramas con caídas interanuales más pronunciadas figuran el sector de Transporte, almacenamiento y comunicaciones con un desplome del 4,3%, el Comercio tradicional con una merma del 3% y el rubro Salud con una contracción del 2,7%, contrarrestando con leves repuntes en gastronomía y servicios inmobiliarios.
Canasta básica inalcanzable, ajuste del consumo y paritarias provinciales
Este retroceso de los haberes privados agudiza el malestar socioeconómico y choca con el discurso de reactivación que difunde el Gobierno de Raúl Jalil. La constante licuación de ingresos en el comercio y el transporte ahoga el consumo en el Valle Central y los departamentos del interior, reduciendo la recaudación impositiva local y empujando a las familias trabajadoras al endeudamiento cotidiano para cubrir alimentos y tarifas.
El encarecimiento constante del costo de vida también expone las contradicciones de las negociaciones laborales en el ámbito provincial. Mientras los salarios formales pierden la carrera contra la canasta básica, los acuerdos paritarios de las comunas y dependencias públicas continúan fragmentados mediante sumas fijas o incrementos escalonados que no alcanzan a compensar la inflación real que golpea a los hogares.
El desfasaje entre las remuneraciones y la canasta familiar confirma la dimensión de la pérdida salarial en Catamarca. Con más de la mitad del sector asalariado privado cobrando por debajo de la línea de pobreza y mediciones que anticipan nuevas bajas mensuales, la clase trabajadora enfrenta un escenario crítico que deteriora los niveles de vida y profundiza la demanda de recomposiciones urgentes.