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Alerta por un 50% más de tormentas severas y contradicciones oficiales ante el riesgo de inundaciones en Catamarca

El municipio advierte que la infraestructura de la Capital no soporta los caudales previstos por El Niño, mientras Defensa Civil provincial minimiza el riesgo y falta inversión en obras de drenaje.

La confirmación del fenómeno de El Niño abrió un escenario crítico y profundas discrepancias estatales en torno al riesgo de inundaciones en Catamarca. Desde la Secretaría de Urbanismo y Arquitectura de la Capital advirtieron que los pronósticos oficiales estiman un incremento de hasta un 50% en la cantidad de tormentas severas durante la temporada de primavera-verano, admitiendo que la infraestructura actual de la ciudad no fue diseñada ni calculada para soportar tales caudales de agua.

El titular del área municipal, Javier Varela, remarcó que prácticamente el 90% de la Capital evacúa los excedentes pluviales por la superficie de las calles. Al tratarse de un ejido urbano con pronunciadas pendientes naturales, el funcionario alertó que la velocidad del escurrimiento puede provocar graves daños materiales y poner en peligro la vida humana, obligando a intensificar tareas de limpieza en los arroyos Fariñango, La Florida, Choya y Tiorco.

La alarma técnica encendida por el municipio contrasta de manera directa con el mensaje tranquilizador emitido desde la Dirección de Defensa Civil provincial. El director del área provincial, Walter Zárate, buscó atenuar el cuadro al desestimar hipótesis extremas y tildar de mito al Superniño, asegurando que no se vislumbran eventos catastróficos masivos, en una notoria disonancia discursiva que desconcierta a la población urbana frente a las contingencias climáticas.

A pesar de los discursos cruzados, las cuadrillas operativas debieron intimar a los vecinos frentistas para que desalojen escombros y materiales de construcción depositados en las aceras. La proliferación de desechos en la vía pública tapona de forma constante los sumideros soterrados y rejillas de desagüe, un problema recurrente que expone la precariedad del mantenimiento barrial y agrava la vulnerabilidad en sectores densamente poblados.

Falta de obras estructurales, canales demorados y descoordinación estatal

El cuadro de vulnerabilidad se concentra en zonas periféricas como Valle Chico y las márgenes de los ríos Ongolí y El Tala. Residentes de estos sectores cuestionan que el Gobierno de Raúl Jalil y las carteras técnicas continúen postergando proyectos de fondo, como el postergado canal de guarda en la ladera del cerro, limitándose a desplegar operativos de emergencia cuando las lluvias estivales ya desbordaron badenes y anegaron viviendas familiares.

A esta falta de inversión estructural se añade la incertidumbre por el financiamiento de los planes de contingencia. Mientras la Agencia Federal de Emergencias promete asistencia logística remota, los municipios deben afrontar las alertas con presupuestos propios deficitarios, sin que los organismos hídricos provinciales hayan culminado los ensanches de cauces necesarios para encauzar torrentes de montaña con arrastre de sedimentos pesados.

Las contradicciones entre las áreas provinciales y comunales reavivan la preocupación ciudadana frente al riesgo de inundaciones en Catamarca. Con advertencias de temporales extraordinarios y desagües a cielo abierto incapaces de absorber el caudal hídrico previsto, la comunidad demanda que las autoridades unifiquen criterios operativos e inviertan con urgencia en infraestructura de drenaje para evitar un nuevo colapso urbano.