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Uso de agua y sequía en la Puna: el impacto de la minería sobre los recursos naturales en Catamarca

La extracción intensiva de agua dulce y salmuera amenaza acuíferos, humedales altoandinos y comunidades rurales en las cuencas cerradas de la provincia.

La expansión acelerada de los emprendimientos extractivos en la Puna encendió un debate técnico sobre la preservación de los recursos naturales en Catamarca. Mientras los discursos oficiales ponderan el volumen de divisas y la atracción de capitales internacionales, especialistas y comunidades del interior advierten que la desmedida demanda hídrica y la modificación de cuencas endorreicas ponen en riesgo el frágil equilibrio de ecosistemas que tardaron millones de años en consolidarse en la alta montaña.

El principal punto de fricción radica en el consumo intensivo de agua dulce en zonas donde las precipitaciones anuales son mínimas. Las plantas operativas extraen caudales subterráneos que constituyen reservas de agua fósil no renovable, utilizadas para las fases de procesamiento y mantenimiento de campamentos. Al acelerarse el bombeo en cuencas cerradas, los niveles freáticos descienden progresivamente, amenazando con secar los ojos de agua que abastecen a las poblaciones rurales.

A esta extracción se suma el bombeo masivo de salmuera en los salares, proceso que altera la dinámica hidrológica del subsuelo. Investigadores señalan que la modificación de las presiones subterráneas facilita la intrusión de agua salada en acuíferos dulces adyacentes, degradando fuentes de agua aptas para el consumo humano y animal. Esta salinización subterránea genera un daño acumulativo difícil de revertir mediante técnicas convencionales de saneamiento ambiental.

El impacto sobre las vegas de altura y humedales altoandinos representa otra alerta crítica. Estas formaciones vegetales actúan como esponjas hídricas y refugio indispensable para especies endémicas y hatos de camélidos criados por familias originarias. La retracción de los cauces superficiales por la actividad minera degrada estas pasturas naturales, empujando a los pequeños productores cordilleranos al desarraigo ante la desertificación progresiva de sus tierras históricas.

Fiscalización ambiental y crecientes cuestionamientos al Gobierno provincial

La falta de información pública y auditorías periódicas reactivó los cuestionamientos dirigidos hacia la administración de Raúl Jalil. Sectores académicos y asambleas ciudadanas fustigan que el Ministerio de Minería y el área de Medio Ambiente avalen estudios de impacto ambiental elaborados por las propias empresas interesadas, omitiendo estudios hidrogeológicos integrales e independientes que evalúen el daño acumulado en cada cuenca hídrica antes de autorizar nuevas perforaciones.

A este déficit de control se añade la resistencia a conformar mesas de monitoreo ambiental vinculantes con participación civil. Habitantes de la región denuncian que las dependencias provinciales priorizan las metas de exportación mientras postergan la colocación de sensores automáticos de medición de niveles freáticos, privando a las comunidades del derecho elemental de saber cuánta agua queda disponible bajo el suelo de sus valles.

La preservación del entorno cordillerano marca un límite infranqueable en la custodia de los recursos naturales en Catamarca. Con vertientes en retroceso y salares sometidos a una extracción sin precedentes, la sociedad reclama normativas rigurosas, fiscalizaciones transparentes y una planificación que priorice el agua para la vida por sobre la renta extractiva en todo el territorio provincial.