Un salvaje ataque a golpes perpetrado en el oeste provincial expuso una vez más el avance de la violencia urbana en Catamarca. El hecho ocurrió en la ciudad de Tinogasta, donde personal de la Comisaría Departamental debió intervenir de urgencia tras un llamado telefónico que alertaba sobre una feroz agresión física en una vivienda del barrio Los Robledo, concluyendo con una persona gravemente herida y un joven aprehendido.
En el lugar, los uniformados procedieron al arresto de un sujeto de 20 años de apellido Robledo, señalado como el autor material de una brutal golpiza contra un hombre de 34 años. De acuerdo con las primeras constataciones policiales, el agresor utilizó un palo de grandes dimensiones como arma contundente para descargar sucesivos impactos sobre el cuerpo de la víctima, causándole lesiones de extrema consideración.
Debido al cuadro clínico que presentaba el agredido, profesionales médicos acudieron al inmueble para brindar las primeras curaciones y resolvieron su derivación urgente al nosocomio zonal para una internación inmediata. Por su parte, el atacante fue trasladado a la seccional local, donde permanece incomunicado a disposición de la Fiscalía de la Quinta Circunscripción Judicial para la correspondiente imputación penal.
La violencia desatada en territorio tinogasteño no constituye un hecho aislado, sino que se inscribe en una seguidilla de agresiones callejeras y enfrentamientos vecinales registrados en distintos puntos de la provincia. En las últimas semanas, grescas en la vía pública y asaltos violentos con secuelas hospitalarias encendieron las quejas ciudadanas en los departamentos periféricos, donde los residentes advierten sobre una escalada delictiva sin precedentes.
Falta de prevención y crecientes cuestionamientos a Raúl Jalil
La vulnerabilidad en las barriadas del interior reactivó los cuestionamientos dirigidos hacia Raúl Jalil. Diversos sectores comunitarios y referentes vecinales fustigan que el Ministerio de Seguridad concentre los recursos policiales y las cámaras de monitoreo en el casco céntrico de la Capital, abandonando a las comunas del oeste a un esquema de patrullaje mínimo que resulta incapaz de evitar incidentes violentos cotidianos.
A esta disparidad distributiva se suma la contradicción entre los anuncios oficiales de pacificación ciudadana y la escasez de móviles y efectivos asignados a las comisarías departamentales. Pobladores locales señalan que las dependencias policiales del interior carecen de guardias suficientes para acudir a tiempo ante las alertas de disturbios, permitiendo que disputas vecinales deriven en ataques sanguinarios con elementos contundentes antes del arribo policial.
El dramático desenlace en Tinogasta confirma las fisuras estructurales que condicionan la contención de la violencia urbana en Catamarca. Con víctimas hospitalizadas por lesiones severas, agresores jóvenes armados en las calles y comunidades desprotegidas por la falta de presencia preventiva del Estado, la ciudadanía exige al Poder Ejecutivo provincial un refuerzo inmediato de las partidas de seguridad y patrullajes continuos en los barrios populares.