La intensificación de megaproyectos extractivos y los planes de reactivación de yacimientos metalíferos reactivaron fuertes alertas ambientales sobre el daño a los suelos por la minería en Catamarca. Organizaciones comunitarias, puesteros y pequeños productores advierten que el desmonte de cobertura vegetal, la compactación por tránsito pesado y la acumulación de escombreras provocan una degradación irreversible de la tierra productiva en Catamarca.
El impacto directo sobre el terreno queda en evidencia con las obras de infraestructura y apertura de huellas mineras. En las laderas montañosas de los departamentos Belén y Santa María, las tareas continuas alteran los perfiles naturales del suelo, acelerando procesos de erosión hídrica y eólica en un territorio árido donde la escasa capa fértil tarda siglos en consolidarse frente a las condiciones climáticas de altura.
A esta fragmentación del terreno se suma la permanencia de gigantescos diques de colas y pasivos que confinan millones de toneladas de roca triturada y sedimentos. Vecinos de las zonas adyacentes a las sierras de Capillitas señalan que las escorrentías en días de tormenta arrastran partículas minerales hacia campos de cultivo y vegas de pastoreo, anulando la fertilidad natural de las parcelas campesinas tradicionales.
El antecedente directo de Bajo La Alumbrera demostró los efectos del modelo a cielo abierto, donde la propia operadora había proyectado en sus estudios ambientales de 1998 la alteración irreversible de las cuencas y el entorno biológico. Tras 25 años continuos de explotación, los pobladores constatan la esterilización de extensas superficies que antes sustentaban majadas y economías familiares de subsistencia regional.
Degradación de tierras y fundados cuestionamientos a Raúl Jalil
La convalidación de permisos sin remediación efectiva de suelos reactivó fundados cuestionamientos hacia Raúl Jalil. Diversos sectores comunitarios fustigan que el mandatario provincial viaje a Francia para exhibir las bondades del potencial metalífero ante inversores extranjeros mientras las áreas técnicas provinciales carecen de peritajes edafológicos independientes que certifiquen el estado real de la tierra afectada por las concesiones.
A este déficit de auditoría se añade la contradicción entre los anuncios de sustentabilidad y la falta de seguros ambientales exigibles para la recomposición de los terrenos. Productores locales remarcan que el Gobierno provincial desatiende los reclamos por el resguardo de la tierra arable y prioriza la liquidación de regalías, dejando a las futuras generaciones con cerros perforados, pasturas degradadas y campos inutilizables.
El debate por la conservación de la tierra expone las consecuencias estructurales que deja la minería en Catamarca. Con comunidades originarias en defensa activa de sus territorios ancestrales y productores que observan la pérdida paulatina de su suelo fértil, la ciudadanía exige al Poder Ejecutivo provincial auditorías inmediatas y el cese de autorizaciones extractivas que no garanticen la preservación del suelo catamarqueño.