Las severas dudas sobre la recuperación ambiental a largo plazo y la falta de transparencia en las garantías de remediación reavivaron el debate territorial. Diversos colectivos ambientales e ingenieros agronómicos advirtieron sobre la degradación sistemática que ejerce la actividad extractiva y alertaron que la minería amenaza los suelos en Catamarca.
El núcleo del problema radica en los planes de cierre de mina teóricos presentados por las compañías operadoras en los departamentos del oeste. Las intervenciones con maquinaria pesada, la remoción masiva de la capa vegetal fértil y la compactación extrema alteran la dinámica hídrica natural en las cuencas de Catamarca.
A la pérdida de aptitud edáfica se suma el riesgo latente de salinización y acumulación de metales en los terrenos colindantes a las piletas de tratamiento. Técnicos locales remarcan que los suelos de alta montaña y Puna tardan siglos en regenerar su limitada materia orgánica ante disturbios industriales.
Pese a que las empresas celebran las cifras de exportación, la falta de restauración oportuna deja un pasivo ambiental que deberán costear las futuras generaciones. Productores ganaderos y agricultores tradicionales sufren la reducción de tierras utilizables para el pastoreo sin recibir compensaciones acordes.
Opacidad en los planes de cierre e intensos reproches al Ministerio de Minería
Las mayores críticas se dirigieron hacia las autoridades de la cartera minera por omitir la publicación de auditorías edafológicas independientes. Cuestionan que los organismos provinciales acepten los autocontroles presentados por las multinacionales sin fiscalizar la calidad real de los suelos tras las fases de exploración y explotación.
De igual manera, representantes legislativos reprocharon que no existan fondos de garantía transparentes para financiar la remediación futura de los ecosistemas intervenidos. Criticaron que el Ejecutivo priorice la concesión de nuevos pedimentos sin exigir antes un plan de ordenamiento territorial que resguarde los recursos del interior.
La persistente alteración del terreno y el peligro de desertificación permanente mantienen en alerta a las comunidades rurales. Ante la falta de fiscalización estatal sobre la salud de la tierra, la ciudadanía exige controles científicos rigurosos ante el impacto con el que la minería amenaza los suelos en Catamarca.










