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Aida Saravia Leguizamón y Edmundo Mena
Aida Saravia Leguizamón.

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In memoriam: Aída Saravia Leguizamón

Una despedida atravesada por la gratitud y el legado familiar en Hualfín.

(Por Federico Mena Saravia).- Hay personas a las que una familia les debe mucho más de lo que alguna vez podrá agradecerles. Aída Saravia Leguizamón, nuestra querida tía Nena, fue una de ellas. Su lucha por conservar nuestra finca, la capilla y los viñedos de Hualfín permitió que, muchos años después, pudiéramos recuperar aquel patrimonio y dar vida a Bodegas y Viñedos Federico Mena Saravia. Hoy la despedimos con una tristeza inmensa y una gratitud que nos acompañará toda la vida.

Nena había aprendido de sus mayores que la tierra familiar debía cuidarse y defenderse. En aquella vieja finca de Hualfín estaban sus recuerdos, los afectos de su infancia y la historia de quienes la habían precedido. Nunca perdió ese sentimiento de pertenencia ni dejó de preocuparse por lo que pudiera suceder con aquella propiedad que tanto significaba para ella.

Hubo años difíciles, cuando la antigua casona, su capilla y los viñedos corrían el riesgo de perderse para siempre. Fue entonces cuando Nena, junto a nuestro querido tío Edmundo Mena, asumió la tarea de cuidarlos y defenderlos. Lo hicieron durante años, con una perseverancia admirable, sin esperar reconocimiento alguno y movidos por el amor que sentían por nuestra familia y por aquella tierra.

Cuánto les debemos. Sin su esfuerzo, probablemente hoy no existirían la casa, la capilla ni los viñedos que nuestros antepasados nos legaron. Buena parte de cuanto hemos podido recuperar y construir en Hualfín fue posible porque ellos, cuando las circunstancias eran adversas, tuvieron la determinación de defender aquello que consideraban parte inseparable de nuestra historia.

La vieja casona, que ha sido testigo de tantos acontecimientos familiares, conserva entre sus muros los recuerdos de varias generaciones. La capilla sigue ocupando un lugar entrañable en nuestras vidas. Y aquellos viñedos, que durante años parecieron condenados a desaparecer, vuelven a dar sus frutos. Cada uno de esos lugares nos recuerda lo que Nena y Edmundo hicieron para conservarlos.

Una vida unida a Hualfín

Hoy, mientras la decimocuarta generación de nuestra familia continúa vinculada a estas tierras, pienso en Nena con una emoción especial. Recuerdo su carácter, su fortaleza, su generosidad y, particularmente, aquella fidelidad a sus raíces que mantuvo hasta el final. Conocía el valor de nuestra historia familiar y sabía que conservarla exigía mucho más que buenos deseos.

Siempre recordaré con especial emoción su regreso a Hualfín y el tiempo que pasaba contemplando nuestra bandera institucional, flameando a veinticinco metros de altura sobre la finca. Aquella imagen la emocionaba profundamente. Veía en esa bandera algo de su propia historia, de los años de lucha y de la satisfacción de comprobar que nuestra casa, nuestra capilla y nuestros viñedos seguían allí.

Nena tuvo la alegría de ver que sus esfuerzos no habían sido en vano. La antigua casona recuperaba su esplendor, la capilla continuaba siendo parte de nuestra vida familiar y los viñedos volvían a cultivarse. Imagino la satisfacción que debió sentir al contemplar aquellos lugares que había defendido durante tantos años y encontrarlos nuevamente llenos de vida.

Quienes tuvimos el privilegio de conocerla sabemos cuánto significó su presencia en nuestras vidas. Su recuerdo estará unido al de Edmundo, con quien compartió la tarea de preservar una parte irremplazable de nuestro pasado. A ambos les debemos mucho más de cuanto alguna vez podremos agradecerles. Y esa deuda de gratitud permanecerá viva mientras nuestra familia siga vinculada a Hualfín.

Quisiera pensar que la mejor manera de agradecerles será continuar cuidando aquello que ellos defendieron. Que nuestros hijos y quienes vengan después puedan caminar esos mismos viñedos, entrar en la antigua casona, visitar la capilla y conocer la historia de quienes hicieron posible que todo eso llegara hasta nuestros días.

Gracias, querida Nena, por tu fortaleza, por tu generosidad y por aquella voluntad inquebrantable de defender nuestra historia familiar. Por haber estado presente cuando más se necesitaba y por permitirnos disfrutar hoy de aquello que parecía perdido. Siempre recordaremos con inmenso cariño tu entrega y todo lo que hiciste por nosotros.

Y así, querida Nena, tu alma estará siempre en tu lugar, el Hualfín de tus amores. Allí, entre la vieja casona, la capilla y los viñedos que defendiste con tanta energía, permanecerán tu recuerdo y tu legado. Porque una parte de vos vivirá para siempre en esa tierra que amaste profundamente y que nunca dejó de pertenecerte.

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