Un sismo de magnitud 2.9 con epicentro a 28 kilómetros de la localidad de Andalgalá sacudió nuevamente el subsuelo provincial y encendió las alertas en la población. El fenómeno, registrado a una profundidad de 27 kilómetros, fue percibido levemente en zonas como Aconquija y Chaquiago, transformándose en un nuevo llamado de atención geológico que las autoridades locales insisten en ignorar. El hecho vuelve a poner en el centro del debate la absoluta falta de una política estatal de prevención sísmica en Catamarca, un área sensible que permanece en el olvido absoluto bajo la actual gestión del gobernador Raúl Jalil.
El temblor reactivó de inmediato las fuertes críticas de especialistas locales, quienes vienen advirtiendo sobre el incremento sostenido de la actividad geológica desde el histórico terremoto del año 2004. A pesar de los constantes avisos que la naturaleza envía al territorio, los organismos públicos provinciales de Catamarca encargados de la seguridad y la defensa civil continúan sin diseñar planes de contingencia estructurales. Esta alarmante inacción oficial convierte la falta de prevención sísmica en Catamarca en un factor de riesgo latente para miles de ciudadanos que habitan en las zonas más vulnerables de la provincia.
La mayor contradicción del Gobierno de Catamarca radica en el destino de los recursos públicos, volcados a la propaganda política en lugar de invertirse en infraestructura de seguridad básica. Hasta el momento, el Ejecutivo provincial se ha negado sistemáticamente a financiar sistemas de alerta temprana o a gestionar ante el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) una necesaria recategorización de riesgo para la región. Esta desidia gubernamental consolida un escenario de indefensión civil, donde la prevención sísmica en Catamarca es tratada como un asunto menor por los funcionarios de turno.
La ausencia de protocolos ante la falta de prevención sísmica en Catamarca
Los reclamos de las comunidades del interior, especialmente en el departamento de Andalgalá, reflejan el temor generalizado ante un evento de mayor magnitud. La población carece por completo de capacitaciones sistemáticas y no se realizan simulacros de evacuación en escuelas ni en dependencias estatales de forma periódica. Al no existir una memoria institucional fomentada desde el Estado, el desamparo de los vecinos es total frente a un suelo que no deja de dar muestras de inestabilidad, profundizando los cuestionamientos hacia la inacción de Raúl Jalil.
Desde el arco opositor en la Legislatura provincial adelantaron que reiterarán los pedidos de informes dirigidos a las áreas de infraestructura y seguridad. Los legisladores exigen saber por qué los fondos destinados a emergencias no se aplican en la construcción bajo normas antisísmicas estrictas ni en la modernización de los canales de comunicación. La falta de respuestas ante la debilidad de la prevención sísmica en Catamarca deja en evidencia que el cuidado de la vida de los catamarqueños no figura entre las prioridades del oficialismo.
El sismo registrado en Andalgalá es un recordatorio directo de que la geología no responde a los tiempos ni a los silencios del Gobierno de Catamarca. Continuar esquivando la urgencia de establecer una verdadera agenda de prevención sísmica en Catamarca coloca a la provincia en una situación de vulnerabilidad extrema. Mientras el oficialismo mantenga su postura hermética e indiferente frente a los reclamos técnicos y comunitarios, cada nuevo temblor en el territorio será el preámbulo de una tragedia evitable que el poder político local se niega a prevenir.