El crecimiento de la informalidad laboral en Catamarca volvió a instalar el debate sobre las políticas públicas destinadas a generar empleo genuino y brindar contención a quienes sobreviven en condiciones de precariedad. En un contexto nacional marcado por la pérdida de puestos de trabajo registrados y el aumento del trabajo informal, también comenzaron a surgir interrogantes sobre cuáles son las respuestas que se impulsan en la provincia para evitar que más personas dependan de actividades realizadas en el espacio público como única fuente de ingresos.
Los últimos datos disponibles indican que la informalidad laboral alcanzó el 44,2% de los ocupados a nivel nacional durante el primer trimestre de 2026, mientras que el empleo asalariado privado registrado acumula una importante pérdida de puestos desde fines de 2023. Ese escenario repercute en todo el país y alimenta un fenómeno cada vez más visible: el crecimiento de vendedores ambulantes, cuidacoches, cartoneros, limpiavidrios y personas que encuentran en la economía informal la única alternativa para sostenerse.
Informalidad laboral en Catamarca: el debate sobre el empleo vuelve al centro de la escena
Frente a esa realidad, distintas jurisdicciones del país comenzaron a endurecer controles sobre quienes desarrollan actividades en la vía pública. En varias ciudades avanzaron ordenanzas, operativos y medidas orientadas a ordenar el espacio público, poniendo el eje en cuestiones vinculadas con la seguridad o la circulación urbana. Sin embargo, estas iniciativas también despertaron críticas por considerar que atacan las consecuencias de la crisis social sin resolver las causas que la generan.
En Catamarca, ese debate también tuvo su expresión. Meses atrás fueron presentadas en el Concejo Deliberante de la Capital iniciativas vinculadas al ordenamiento del espacio público impulsadas por concejales de la oposición municipal. Si bien esos proyectos no prosperaron, la discusión dejó planteado un interrogante que continúa vigente: qué tipo de políticas deberían priorizarse frente al crecimiento de la precarización laboral y el aumento de personas que buscan ingresos fuera del empleo formal.
En ese contexto, diversos sectores sostienen que la informalidad laboral en Catamarca no puede analizarse únicamente desde una perspectiva vinculada al control del espacio público. Plantean que el incremento del trabajo callejero responde a factores económicos más profundos y que cualquier estrategia orientada a ordenar la ciudad debería estar acompañada por programas de inserción laboral, capacitación y asistencia para quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
La situación también expone un desafío para el Gobierno provincial. Mientras la provincia busca sostener un discurso centrado en el desarrollo económico y la generación de inversiones, persisten reclamos para que ese crecimiento se traduzca en mayores oportunidades laborales para los sectores que hoy permanecen fuera del mercado formal. La ausencia de medidas específicas destinadas a revertir la precarización alimenta cuestionamientos sobre el alcance de las políticas de empleo y su impacto concreto en la vida cotidiana de miles de familias.
El debate excede la discusión sobre vendedores ambulantes o personas que realizan actividades en la vía pública. Lo que queda planteado es una preocupación más amplia respecto del crecimiento de la economía informal y de las respuestas que ofrecen las distintas administraciones frente a ese fenómeno. En ese escenario, la informalidad laboral en Catamarca vuelve a convertirse en un tema central de la agenda pública, con pedidos para que las políticas de empleo, formación e inclusión ocupen un lugar prioritario antes de que la precariedad continúe profundizándose.