La minería en Catamarca atraviesa uno de sus momentos de mayor expansión, según la propia evaluación del gobernador Raúl Jalil. Sin embargo, detrás del entusiasmo oficial aparece una advertencia que abre un debate menos repetido: el mandatario reconoció que existen otros sectores de la economía provincial que no avanzan al mismo ritmo y planteó la necesidad de fortalecerlos para evitar futuros problemas.
Durante su participación en el ciclo Democracia y Desarrollo organizado por Clarín, Jalil describió al sector minero con una frase contundente: “está muy bien, está volando”. El gobernador vinculó ese desempeño con el crecimiento de las exportaciones y aseguró que Catamarca lideró el crecimiento nacional en ese indicador. También anticipó que, según sus proyecciones, las exportaciones provinciales podrían triplicarse el próximo año.
Pero la propia exposición oficial dejó planteada una cuestión que merece atención. Jalil señaló que existen dos economías que no tienen la misma velocidad de impacto y sostuvo que el Estado debe analizar de qué manera puede ayudar a los sectores que quedaron rezagados. La afirmación introduce una discusión relevante sobre la capacidad de la minería en Catamarca para generar un desarrollo económico que alcance de manera equilibrada al resto de las actividades productivas.
Minería en Catamarca: el desafío que aparece detrás del crecimiento
El planteo también expone una de las principales tensiones del modelo que impulsa el Gobierno provincial. Mientras la minería aparece como el motor más dinámico, el propio gobernador reconoce que hay actividades que necesitan acompañamiento estatal para desarrollarse. La pregunta que queda abierta es hasta dónde el crecimiento minero puede traducirse en una diversificación económica real y no solamente en mejores indicadores vinculados a exportaciones e inversiones.
Jalil defendió además el vínculo con las empresas mineras y destacó el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). En ese marco, sostuvo que existe conformidad con el rumbo adoptado junto al Gobierno nacional y las compañías del sector. Al mismo tiempo, pidió que las empresas impulsen el desarrollo de proveedores locales, con el objetivo de construir una cadena productiva que permita que una mayor cantidad de actividades económicas de Catamarca se vinculen con el crecimiento minero.
El punto resulta central porque el propio gobernador planteó que no se trata de imponer a las compañías qué proveedores deben contratar, sino de generar las condiciones para que esas empresas locales puedan desarrollarse. Allí aparece uno de los desafíos más importantes del modelo: lograr que la expansión de la minería en Catamarca produzca efectos sobre pequeñas y medianas empresas, empleo y servicios provinciales, más allá de la actividad específica de los grandes proyectos extractivos.
Otro de los aspectos señalados por Jalil fue la necesidad de acompañar la expansión con infraestructura, rutas y energía. El Gobierno provincial vincula esas inversiones con el desarrollo de la Puna y con el crecimiento del turismo en esa región. Incluso volvió a mencionar la inauguración de un hotel cinco estrellas en Antofagasta de la Sierra como parte de una estrategia destinada a generar nuevas actividades alrededor de los proyectos económicos que avanzan en el oeste provincial.
La discusión, entonces, no pasa únicamente por determinar si la minería en Catamarca está creciendo, algo que el gobernador destacó enfáticamente, sino por medir qué sucede con el resto de la economía mientras ese proceso avanza. La propia advertencia de Jalil sobre los sectores que necesitan mayor impulso plantea un interrogante político y económico: ¿cómo evitar que una provincia dependa cada vez más de una sola actividad para sostener su crecimiento?
El gobernador también puso el foco en el potencial energético de Catamarca y del Norte argentino. Esa definición amplía todavía más el debate sobre el rumbo productivo provincial. La minería aparece como uno de los principales motores de las exportaciones, pero el desafío que surge de las propias palabras del mandatario es construir alrededor de ese crecimiento una estructura económica más amplia, con proveedores locales, infraestructura, energía, turismo y otras actividades productivas capaces de sostener el desarrollo cuando cambien las condiciones del mercado minero.