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Promesas de inversión externa y una parálisis en la gestión pública aumentan el malestar con el Gobierno de Catamarca

El deterioro de los servicios, la caída industrial y las disputas políticas tensionan la gestión provincial y alimentan los reclamos ciudadanos.

El contraste entre los anuncios de grandes radicaciones fabriles y las deficiencias cotidianas en la administración encendió el descontento hacia el Gobierno de Catamarca. Mientras el oficialismo promueve la creación de parques industriales y enclaves aduaneros en el interior con promesas de empleo extranjero, las quejas comunitarias se multiplican en el Valle Central por la desidia en el mantenimiento urbano, trámites burocráticos colapsados y la falta de respuestas a demandas elementales de la población.

La distancia entre el discurso económico y la realidad productiva quedó expuesta con los números del propio sector manufacturero. Informes recientes del sector metalúrgico confirmaron una caída interanual del 6,1% y un nivel de capacidad ociosa del 60%, un declive que coincide con las advertencias comerciales por la asfixia que generan los embargos bancarios de la agencia de recaudación ARCA sobre pequeñas empresas locales que acumulan deudas corrientes.

En simultáneo, la prestación de servicios básicos atraviesa un deterioro ostensible que afecta directamente a los vecinos de la Capital. El colapso del sistema de atención en el Centro de Emisión de Licencias obligó a adultos mayores a esperar a la intemperie bajo el frío desde la madrugada, mientras que en esquinas de alto tránsito como San Martín y Acosta Villafañe persisten carteles caídos sobre las veredas que fuerzan a los peatones a circular entre los vehículos.

A estos reclamos por abandono de infraestructura se suma la tensión social en el oeste provincial por la falta de definiciones políticas de fondo. En Tinogasta, autoridades comunales y sectores comerciales advierten que la indefinición parlamentaria y las internas territoriales con Fiambalá ponen en riesgo la llegada de firmas internacionales como Agritec y grupos de Dubái, trabando proyectos que llevan tres décadas de gestiones administrativas.

Disputas territoriales, presiones fiscales y cuestionamientos directos a Raúl Jalil

La acumulación de conflictos en distintas áreas de la administración profundiza los cuestionamientos hacia el liderazgo político de Raúl Jalil. Dirigentes del interior y entidades mercantiles fustigan la ambigüedad del mandatario provincial, a quien acusan de dilatar la resolución del emplazamiento aduanero en el Senado y Diputados, postergando la inserción en el Corredor Bioceánico mientras se sostiene una estricta presión impositiva que ahoga a los comercios barriales.

A este déficit de conducción se añade la falta de control sobre los organismos de fiscalización y seguridad en las calles. Vecinos capitalinos denunciaron maniobras de presunta corrupción mediante pagos virtuales a inspectores en controles de alcoholemia, la ocupación desregulada de calzadas para carga pesada en arterias céntricas y la carencia de personal para frenar infracciones masivas de tránsito, consolidando una percepción generalizada de desgobierno operativo.

El panorama social refleja un desfase evidente entre las metas discursivas y las prioridades reales que desatiende el Gobierno de Catamarca. Con fábricas paralizadas por la recesión, trabas legislativas a inversiones comprometidas y una infraestructura urbana en retroceso, la ciudadanía exige al Ejecutivo provincial abandonar las dilaciones políticas y brindar soluciones urgentes a las urgencias diarias de la comunidad.