Los pueblos fronterizos son un tema aparte en el marco de la pandemia, yacen semi-abandonados cuando las tareas deben hacerse coordinadamente. Para ubicarse geogrĆ”ficamente, estĆ” Tapso Catamarca y cruzando las vĆas ya estamos en Tapso Santiago del Estero. Los vecinos denuncian que hay un descontrol del lado santiagueƱo y que el comisionado AnĆbal Tapia estarĆa descuidando o librando la zona para el ingreso del virus. SeƱores, los controles policiales fantasmas.
En la imagen enviada a la redacción de El Aconquija puede observarse que son lugares inhumanos en los que trabajaban los efectivos y el personal sanitario. Improvisadas estructuras de palos, chapas y nylon donados por los propios vecinos y que ahora permanecen sin personal, es decir sin funciones. Son controles policiales fantasmas porque no existen sobre una ruta nacional de mucho trÔnsito y nadie parece tomar nota de ello.
En ese “puesto” deberĆa estar la policĆa controlando camiones y muchas personas que circulan en la ruta 157 donde los vehĆculos pesados se detienen a compran en los puesteros que despuĆ©s regresan o circulan por Tapso Catamarca sin saber si llevan con ellos el contagio al pueblo catamarqueƱo. Como sabemos el coronavirus viaja en camión y se mete en las comunidades sin aviso y sigilosamente, aprovechando los descuidos, la falta de prevención.

Por la cercanĆa o por ser pueblos fronterizos, el descuido de uno de los dos āladosā perjudica al otro. Si el desidia es de los santiagueƱos, los catamarqueƱos se preocupan, como serĆa si fuera a la inversa. El problema ahora es que al comisionado Tapia, una suerte de delegado de Santiago del Estero, no se le mueve un pelo, acentuando mĆ”s la preocupación de la comunidad en esta emergencia económica y sanitaria.
Los lectores de El Aconquija creen que se le puede hacer llegar un mensaje al Gobernador Zamora que tal vez ignora este descuido oficial. La delegación de responsabilidades puede acarrear sorpresas por la decepción que surge de la prÔctica a la hora de cumplir con las funciones donde hoy mÔs que nunca estÔn muy claras las prioridades porque nos acosa una pandemia. No hay margen para errores ni tiempo para dormir la siesta.
