“Casi el 60% de la población argentina no duerme bien”, reveló un informe del Observatorio de Psicología Social de la Universidad de Buenos Aires que encendió alarmas en todo el país y que en Catamarca exhibe, con crudeza, el costo humano de la crisis económica y la ausencia de políticas públicas de contención. El estudio muestra una sociedad bajo tensión crónica, con los jóvenes como principal sector en riesgo y un Estado que, hasta ahora, no ofrece respuestas sistemáticas.
El trabajo detectó que el 6,5% de la población argentina presenta riesgo de desarrollar algún trastorno mental, con una incidencia notoriamente mayor entre los sectores más jóvenes. En paralelo, el riesgo suicida aparece con mayor frecuencia en personas de menor edad y en quienes tienen un nivel socioeconómico más bajo. Los especialistas advierten que estos indicadores no son brotes aislados, sino el correlato de una precariedad económica sostenida que impacta de lleno en la salud mental de sectores cada vez más amplios.
Uno de los números que más preocupa a los investigadores es el crecimiento descontrolado del insomnio. El grupo que reporta dormir poco pasó del 10,53% en marzo de 2020 —en las primeras semanas de la pandemia— al 38,20% en la medición actual. El dato confirma que, en seis años, el deterioro superó incluso los picos de uno de los momentos más críticos de la historia reciente, sin que se advierta un freno ni una estrategia oficial para revertirlo.
El informe precisa que el 52,4% de los consultados, más de la mitad, reconoce estar atravesando una crisis personal o vital, atribuida en su mayoría a preocupaciones de índole económica. En Catamarca, donde la caída del poder adquisitivo y la falta de oportunidades golpean con fuerza a los hogares, el dato encuentra un eco particular: la incertidumbre laboral y la imposibilidad de proyectar a futuro se traducen en cuadros de ansiedad, estrés y desesperanza que los especialistas vienen registrando con alarma.
Los jóvenes aparecen como el sector más expuesto: son los que más vulnerabilidad suicida exhiben y los que enfrentan mayores dificultades para construir proyectos de vida en un contexto de incertidumbre estructural. La ausencia de un acompañamiento estatal visible en la provincia agrava ese panorama, porque relega la prevención y deja a miles de chicos y adolescentes sin acceso a herramientas de contención psicológica, algo que los especialistas consideran indispensable.
La respuesta que no llega
Los expertos que acompañan estas investigaciones son coincidentes en señalar que la respuesta no puede limitarse a la atención de casos en crisis, sino que debe orientarse hacia “el monitoreo continuo de la salud mental de la población, la detección temprana de situaciones de riesgo y la intervención oportuna antes de que los cuadros se agraven”. Sin embargo, en Catamarca esa batería de políticas sigue sin implementarse con la escala y la urgencia que la situación reclama.
La evidencia acumulada en las últimas décadas es contundente respecto del papel del deporte como factor protector frente a la depresión, la ansiedad y otros trastornos del ánimo. El informe de la UBA subraya que una política pública inteligente debería desalentar conductas como el abuso de sustancias, el sedentarismo y la hiperconectividad sin límites, y ampliar el acceso a tratamientos psicológicos. Mientras casi seis de cada diez argentinos pierden el sueño, la provincia todavía no muestra un plan integral que convierta ese diagnóstico en acciones concretas.