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Alertan por el deterioro de la calidad del aire por la minería en Catamarca

El material particulado de las explotaciones a cielo abierto puede dispersarse por decenas de kilómetros y exponer a comunidades cercanas.

La discusión pública en torno a los proyectos extractivos suele concentrarse prioritariamente en el uso del agua y los pasivos hídricos, postergando un factor crítico que impacta de forma directa sobre las poblaciones de los valles andinos: el deterioro del aire por la minería en Catamarca. En las inmediaciones de los yacimientos a cielo abierto y las zonas de acopio, la presencia continua de material particulado generado por detonaciones, trituración mecánica de roca y tránsito pesado en caminos no pavimentados enciende reparos sobre la salubridad de los poblados cercanos.

El fenómeno no responde únicamente a la polvareda visible que altera el paisaje montañoso. El núcleo del conflicto radica en las partículas respirables menores a 10 y 2,5 micrones (PM10 y PM2.5), fracciones microscópicas capaces de ingresar a las vías respiratorias profundas y al torrente sanguíneo, transportando trazas de sílice cristalina y metales pesados inherentes a las formaciones geológicas explotadas.

En regiones áridas y semiáridas, la dinámica atmosférica potencia este escenario debido a vientos locales de gran intensidad que dispersan los sedimentos a lo largo de decenas de kilómetros. Productores rurales y vecinos de comunidades próximas advierten que el polvo mineralizado sedimenta sobre cursos de agua limpia, pasturas forrajeras y techos de viviendas, alterando las condiciones básicas de habitabilidad sin que existan registros públicos accesibles para medir su volumen real.

Frente a estos cuestionamientos, las operadoras mineras afirman implementar planes de mitigación continuos que incluyen el riego asistido de caminos internos, supresores químicos de polvo y encapsulamiento de cintas transportadoras. Asimismo, sostienen que sus operaciones se rigen por estrictos estudios de impacto ambiental y mediciones periódicas exigidas por las autoridades provinciales para operar dentro de los parámetros legales establecidos.

Monitoreo en tiempo real, estándares desactualizados y el rol del Estado

Sin embargo, organizaciones comunitarias y especialistas en salud ambiental cuestionan que los controles oficiales descansen mayoritariamente en muestras provistas o contratadas por las propias empresas interesadas. La falta de estaciones estatales independientes que midan la calidad del aire de forma continua y transmitan datos abiertos a la población deja un manto de incertidumbre sobre los niveles de exposición crónica a los que están expuestos los habitantes.

A la debilidad en la fiscalización se suma el retraso de los marcos normativos provinciales frente a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Mientras los consensos científicos globales redujeron progresivamente los límites tolerables de exposición a micropartículas debido a sus efectos en afecciones broncopulmonares y cardiovasculares, la legislación vigente mantiene umbrales permisivos que permiten considerar “dentro de la norma” concentraciones que ya representan un riesgo sanitario potencial.

Transparentar la información ambiental es indispensable para evitar que la discusión extractiva quede atrapada en diagnósticos parciales o discursos corporativos sobre el aire por la minería en Catamarca. Con comunidades que demandan mayor certeza científica sobre lo que respiran y un ecosistema de altura vulnerable a la polución, la intervención estatal requiere auditorías ambientales rigurosas, independientes y con estándares internacionales actualizados para garantizar la protección de la salud pública.