El avance de la infraestructura industrial sobre las cuencas de altura reabrió la discusión sobre el impacto de la minería en Catamarca. Comunidades originarias, productores ganaderos y técnicos ambientales denuncian que la apertura de caminos de acarreo, el emplazamiento de campamentos y la alteración de las napas freáticas provocan una severa degradación en los suelos de las vegas y bofedales, humedales clave para el equilibrio ecológico de la Puna.
En los ecosistemas áridos de la cordillera, las vegas representan los únicos reservorios de suelo orgánico con capacidad de retener humedad y sustentar pastos naturales. Sin embargo, la compactación mecánica provocada por el tránsito ininterrumpido de camiones de gran porte y maquinaria pesada destruye la costra superficial, acelerando procesos de erosión eólica que transforman superficies fértiles en arenales degradados donde no vuelve a crecer vegetación forrajera.
A la alteración física se suma el desbalance hídrico generado por las perforaciones industriales. Pobladores locales señalan que la extracción intensiva en salares y márgenes de cuenca deprime los niveles freáticos que nutren a las pasturas bajas, provocando el secado paulatino del suelo y la salinización de las capas superficiales, lo que reduce sustancialmente el pastoreo tradicional de camélidos y ovinos del que subsisten las familias campesinas.
Frente a estos cuestionamientos, las operadoras mineras aseguran aplicar medidas de manejo que minimizan la huella física y promueven la conservación del entorno. No obstante, los habitantes de los distritos cordilleranos fustigan que los desmontes de áridos y el acopio de roca estéril sobre laderas vírgenes continúan alterando el drenaje natural, dejando expuestos sedimentos que el viento esparce hacia los valles productivos.
Daño territorial y fundados cuestionamientos a Raúl Jalil
La falta de estudios de suelo independientes reactivó fundados cuestionamientos hacia Raúl Jalil. Diversas organizaciones socioambientales fustigan que el Ejecutivo provincial convalide las declaraciones de impacto ambiental presentadas por las propias corporaciones extractivas, sin realizar auditorías edafológicas públicas en el territorio que cuantifiquen la pérdida irreparable de hectáreas de humedales de altura.
A este déficit de fiscalización se añade la contradicción entre la promoción de Catamarca como nodo de sustentabilidad minera y la desprotección territorial que padecen las economías rurales. Vecinos del oeste provincial advierten que los organismos provinciales no exigen garantías financieras vinculantes para la remediación de suelos degradados, permitiendo que queden pasivos ambientales permanentes en zonas declaradas de interés productivo y turístico.
El deterioro de los pastizales puneños expone la gravedad asociada al impacto de la minería en Catamarca. Con comunidades que observan la pérdida de sus áreas históricas de pastoreo, erosión acelerada por obras viales y una evidente debilidad en los controles oficiales, los pobladores exigen al Poder Ejecutivo provincial auditorías inmediatas sobre el estado de las tierras y la protección efectiva de las cuencas andinas.