La frase de Raúl Jalil en Catamarca fue contundente: “La gente me eligió para resolver problemas y no para quedarme en la queja”. El gobernador utilizó esa definición durante la inauguración del puente sobre el río Santa María para defender la decisión de la Provincia de asumir obras que quedaron sin financiamiento nacional. Sin embargo, en paralelo, un reclamo surgido en una escuela de Cóndor Huasi vuelve a poner sobre la mesa una cuestión diferente: familias que aseguran haber pedido respuestas durante un tiempo y que terminaron tomando el establecimiento para exigir explicaciones.
El contraste no supone atribuirle directamente al gobernador el manejo de los fondos cuestionados por los padres. La situación denunciada se refiere a la administración de las partidas destinadas al comedor de la Escuela N.º 336 “Julio Ricardo Figueroa”, mientras que las familias reclamaron específicamente la presencia e intervención de las autoridades del Ministerio de Educación de Catamarca. Pero el episodio sí plantea un interrogante político sobre la capacidad de respuesta de los organismos provinciales frente a reclamos concretos que afectan directamente a la comunidad educativa.
Raúl Jalil en Catamarca y el desafío de responder más allá del discurso
El caso de Cóndor Huasi adquiere mayor relevancia cuando se lo observa junto con el mensaje político que Jalil eligió para defender su gestión. El gobernador sostuvo que resulta sencillo instalarse en “la queja permanente” y que su responsabilidad consiste en gobernar “con lo que hay”, incluso cuando Nación transfiere obras que antes estaban bajo su órbita. En esa lógica, resolver problemas aparece como uno de los principales argumentos con los que el Gobierno provincial busca justificar sus decisiones.
Pero la gestión también se mide en problemas de menor escala y de impacto cotidiano. En la escuela de Belén, según manifestaron los padres a medios locales, las familias venían solicitando explicaciones sobre el destino de los fondos del comedor y cuestionaban determinados gastos. Entre los puntos señalados apareció la administración de las partidas durante el período en que el establecimiento estaba en refacciones y los alumnos recibían clases bajo modalidad virtual. La falta de respuestas denunciada por los padres terminó convirtiéndose en una medida de protesta concreta: la toma del edificio.
El episodio abre una discusión sobre la distancia entre la capacidad del Gobierno para anunciar grandes obras y su capacidad para atender reclamos institucionales que requieren explicaciones puntuales. Mientras Jalil exhibe como ejemplo de gestión la finalización del puente de 350 metros en Santa María, los padres de una escuela de Cóndor Huasi reclaman algo mucho más básico: saber cómo fueron administrados recursos destinados a la alimentación de los alumnos y obtener respuestas de las autoridades educativas.
La comparación no permite afirmar que exista un problema generalizado de administración de fondos escolares ni que las partidas hayan sido utilizadas de manera irregular. Los padres expresaron dudas y pidieron explicaciones, pero el material disponible no aporta una auditoría ni una resolución oficial que confirme esas sospechas. Precisamente por eso, el punto más relevante es la respuesta institucional pendiente: ante cuestionamientos concretos sobre recursos públicos, corresponde que las autoridades expliquen qué ocurrió, presenten la información disponible y permitan despejar las dudas planteadas.
El reclamo también vuelve a colocar a la educación dentro de una agenda de conflictos que demanda respuestas del Estado provincial. En este caso, las familias no se limitaron a expresar disconformidad, sino que adoptaron una medida de fuerza para visibilizar el planteo y solicitar la intervención de las autoridades educativas. Para una administración que reivindica la resolución de problemas como eje de su discurso, este tipo de situaciones representa un desafío adicional: la gestión no se evalúa solamente por las obras que logra inaugurar, sino también por la velocidad y transparencia con que responde cuando una comunidad exige explicaciones.
Así, el contraste entre el discurso de Raúl Jalil en Catamarca y el conflicto de Cóndor Huasi no necesariamente constituye una contradicción directa, pero sí expone dos dimensiones de la gestión que conviven en el mismo escenario político. Por un lado, un gobernador que reivindica asumir responsabilidades y avanzar “con lo que hay”; por otro, una comunidad educativa que sostiene que viene reclamando respuestas y que decidió tomar una escuela para conseguirlas.