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La mora bancaria se duplicó en un año y acorrala las respuestas de Jalil ante el sobreendeudamiento familiar en Catamarca

La morosidad pasó del 6% al 12% en doce meses y afecta a familias que recurren al crédito para cubrir alimentos y servicios esenciales.

El alarmante deterioro de la solvencia doméstica dejó al descubierto la lentitud de las medidas oficiales frente al sobreendeudamiento familiar en Catamarca. Mientras el gobernador Raúl Jalil reconoció la gravedad del problema y propuso demorar entre 15 y 20 días cualquier definición con Capresca y el Banco Nación supeditando la ayuda a cursos educativos, los registros de morosidad bancaria escalaron del 6% al 12% en apenas doce meses, duplicando la cantidad de personas insolventes que recurren al crédito para costear comida y boletas de servicios esenciales.

La contundencia de las cifras fue expuesta por el diputado nacional Fernando Monguillot, quien confirmó la presencia del bloque catamarqueño en la sesión especial de la Cámara de Diputada convocada para el 9 de septiembre, donde se debatirán 48 iniciativas legislativas sobre la emergencia crediticia. El parlamentario remarcó que el fenómeno alcanza a cerca de 5,9 millones de ciudadanos en el país y advirtió que el Poder Ejecutivo no debe temer a este debate estructural, remarcando que los hogares no contraen obligaciones para progresar o invertir, sino para afrontar gastos elementales de supervivencia cotidiana.

Este diagnóstico coincide con la advertencia de la Unión Comercial provincial, cuyos representantes confirmaron que los consumidores agotaron el límite de sus tarjetas de crédito. Dicha parálisis neutraliza iniciativas gubernamentales de reactivación como el programa Marcatón, ya que los usuarios carecen de margen financiero en los plásticos tras utilizarlos de manera recurrente para cubrir facturas energéticas impagables y compras de supermercado, dejando al comercio tradicional en un estancamiento prolongado.

Frente al colapso de los bolsillos, la postura de la administración de Jalil de sugerir capacitaciones financieras obligatorias antes de refinanciar deudas generó severos cuestionamientos. Atribuir la insolvencia generalizada a presuntos descuidos de cálculo personal o exigir que los asalariados se comporten como gerentes de costos esquiva el impacto directo de las tarifas desmedidas, los salarios licuados frente a la inflación y la demora burocrática de la Caja de Prestaciones Sociales para activar líneas de contención.

Tarifas asfixiantes, parálisis mercantil y la presión parlamentaria sobre el sobreendeudamiento familiar en Catamarca

La respuesta dilatada de la gobernación contrasta con la celeridad demostrada para respaldar acuerdos fiscales nacionales con la gestión de Javier Milei y promocionar beneficios extractivos bajo el RIGI. Mientras el mandatario pondera vínculos bilaterales y pide paciencia social, referentes del arco opositor cuestionan la falta de tratamiento legislativo para iniciativas locales contra la usura y la falta de subsidios energéticos para contener a los sectores más vulnerables del interior.

Al mismo tiempo, la dirigencia empresarial y comercial reclama que las refinanciaciones no se restrinjan a los particulares, sino que incorporen auxilios directos para las pequeñas y medianas empresas. La imposibilidad de afrontar tasas usurarias empuja tanto a comerciantes barriales como a familias a circuitos extrabancarios de financiamiento para sostenerse en actividad, configurando un círculo vicioso de morosidad que la asistencia estatal prometida sigue sin frenar.

La brecha entre las dilaciones del Ejecutivo y la asfixia social expone los límites de la gestión provincial ante el sobreendeudamiento familiar en Catamarca. Con índices de mora que se multiplicaron en el último año, comercios con ventas deprimidas y un debate forzado en el Congreso que exige respuestas inmediatas, la insistencia oficial en imponer plazos burocráticos profundiza el desamparo de una población que ya no dispone de márgenes económicos para subsistir.