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Catamarca frente a la crisis del empleo privado: el desafío para Raúl Jalil ante el cierre de empresas

Los números nacionales encienden alarmas en la provincia, que busca atraer inversiones.

La crisis del empleo privado en Catamarca empieza a adquirir una dimensión política que excede los números nacionales: mientras el Gobierno de Raúl Jalil busca posicionar a la provincia como un territorio con capacidad para atraer inversiones y desarrollar actividades productivas, el escenario económico argentino muestra una fuerte destrucción de empresas y puestos de trabajo. Los datos difundidos este viernes indican que desde el inicio de la gestión de Javier Milei cerraron 30.633 empresas y se perdieron 411.613 empleos registrados.

El dato nacional resulta particularmente relevante para Catamarca porque la provincia atraviesa una etapa en la que el Gobierno provincial viene participando de conversaciones con funcionarios nacionales vinculadas con la competitividad industrial y el aprovechamiento de los recursos. Este viernes, Luis Caputo y Diego Santilli fueron recibidos por Raúl Jalil, en una jornada en la que también se abordaron medidas vinculadas con la actividad productiva. La discusión, entonces, no pasa solamente por la cantidad de inversiones que puedan anunciarse, sino por la capacidad concreta de transformar esas políticas en empleo privado estable.

Los datos difundidos a partir de registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo muestran un deterioro sostenido del tejido empresarial argentino. En mayo se perdieron 2.371 unidades productivas respecto del mes anterior y se acumularon 16 meses consecutivos de caída. En el último año desaparecieron 16.560 empresas, mientras que desde noviembre de 2023 la reducción acumulada alcanza las 30.633 unidades productivas. El sector comercial aparece como uno de los más afectados, con 8.408 empleadores menos durante los primeros 30 meses de la actual administración nacional.

Catamarca y el desafío de sostener el empleo privado

El impacto sobre el trabajo también es significativo. Según los datos citados por CEPA, la cantidad de trabajadores registrados en unidades productivas cayó un 4,18%, equivalente a 411.613 puestos de trabajo menos. La industria manufacturera perdió 97.312 trabajadores, la construcción 80.399 y el transporte y almacenamiento otros 72.480. El dato utilizado por la entidad resume la magnitud del deterioro: alrededor de 450 trabajadores menos por día desde el comienzo de la gestión Milei.

Para Catamarca, el problema adquiere otra dimensión porque obliga a discutir qué lugar ocupa el sector privado dentro de la estrategia económica provincial. La información disponible en el material analizado no permite afirmar cuántas empresas cerraron específicamente en Catamarca ni cuántos puestos privados se perdieron en la provincia. Pero sí permite plantear un interrogante político concreto: qué herramientas tiene el Gobierno de Jalil para evitar que el deterioro nacional termine trasladándose a la estructura productiva local.

La cuestión también pone en tensión el discurso sobre la necesidad de generar inversiones. La explotación de recursos y la llegada de capitales pueden convertirse en una fuente de actividad, pero los propios datos nacionales muestran que el crecimiento de determinados sectores no necesariamente implica una gran generación de puestos de trabajo. En mayo, por ejemplo, el sector de minas y canteras incorporó apenas 55 trabajadores, pese a registrar un crecimiento interanual del 15%. El dato obliga a discutir cuánto empleo puede generar realmente una estrategia económica concentrada en actividades extractivas.

En ese contexto, el Gobierno de Raúl Jalil enfrenta un desafío político: demostrar que la búsqueda de competitividad y nuevas inversiones puede traducirse en una estructura productiva más amplia y en oportunidades laborales para los catamarqueños. La presencia de Caputo y Santilli en la provincia y las reuniones mantenidas con autoridades locales abren una discusión que no debería limitarse a anuncios o expectativas de inversión. La cuestión central es qué cantidad y qué calidad de empleo queda efectivamente en Catamarca cuando esas políticas se implementan.

El escenario nacional también vuelve más sensible la situación de las pequeñas y medianas empresas, que son las que pueden absorber trabajadores en distintas actividades comerciales, industriales y de servicios. Si la contracción empresarial continúa, las provincias quedan ante una doble presión: sostener la actividad económica local y, al mismo tiempo, evitar que la pérdida de empleo privado aumente la dependencia de los ingresos estatales. En ese punto aparece una de las discusiones más incómodas para Catamarca: cuánto puede crecer una economía provincial si una parte importante de sus oportunidades laborales depende directa o indirectamente del Estado.

Por eso, los números conocidos este 14 de agosto no permiten atribuirle al Gobierno provincial la responsabilidad por los cierres de empresas registrados a nivel nacional, pero sí habilitan un debate sobre su estrategia económica. Catamarca necesita conocer qué lugar tendrá el empleo privado en el modelo productivo que impulsa Jalil, qué sectores serán capaces de generar trabajo más allá de la actividad pública y cómo se medirá el impacto real de las inversiones anunciadas o proyectadas. Sin esos indicadores, la discusión sobre competitividad corre el riesgo de quedar reducida a expectativas mientras el problema del empleo continúa siendo una de las principales preocupaciones económicas.

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