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Raúl Jalil

Política

No era sólo la plata lo que traía Alberto

Lo quería a Jalil era el aval o apoyo político para la reforma laboral tan resistida.

Si bien el anuncio de 3.500 millones de pesos para obras fue la suma que justificaba la visita frustrada de Alberto Fernández, el quid de la cuestión no es económica, sino política. El gobernador Raúl Jalil, no se peleó con la oposición y parte de la sociedad por un problema sanitario (el riesgo de la comitiva presidencial en una provincia con Cero Caso CV-19), ni siquiera económico. Lo quería a Jalil era el aval o apoyo político para la reforma tan resistida.

En efecto, la reforma de Jalil adolece de consensos. El Gobernador avanzó demasiado rápido y la organización que concentra a todos los gremios (FUSSI) ya anunció otra movilización para este miércoles 17 de junio. Sacar a las apuradas las leyes en la Legislatura le trajo más problemas que soluciones porque el malestar se siente y las iniciativas del Ejecutivo provincial fueron leídas como un atropello a las instituciones y los trabajadores, un desconocimiento de la división de poderes.

Cuando un político carece de prestigio y reconocimiento los operadores o estrategas aconsejan “colgarse” de alguien prestigioso o respetado para poder avanzar políticamente. En el imaginario de Raúl y compañía, no era lo mismo la reforma en estado de permanente cuestionamiento antes del arribo de Alberto que la reforma con palabras de elogio de Alberto dichas en tierras catamarqueñas, en vivo y en directo por todos los medios pagos del Gobierno. Algo que no pasó.

Pecado Capital

El pecado capital de Raúl viene de haber ganado la gobernación colgado de Corpacci y ahora quiere colgarse de Alberto para darle estabilidad a su proyecto unilateral de reforma con protestas que superan las 2 mil personas en la calle con una pandemia mundial. Tal vez Jalil apele solo al “desgaste” porque la comunidad aparte de ganarse el mango para sobrevivir no puede estar pasando frío y hambre para que se resguarden derechos ya contemplados en la Constitución.

La letra chica de la reforma es un misterio para los gremios y parece que ni el Gobierno sabe lo que quiere pues podría haber sacado una solicitada en los diarios con las modificaciones si quisiera transparencia, o publicitar la famosa reforma en todos los sitios virtuales oficiales para que el trabajador tenga acceso y se debata. Colgarse del prestigio de Alberto no sería conveniente, lo ideal para Jalil sería construir su propio prestigio para poder tener futuro político.

Por Juan Carlos Andrada